jueves, 31 de enero de 2013

Un monumento para dos orillas


No hay mejor sabiduría que la que se origina de nuestros antepasados. Generaciones ancestrales que provienen de distintas culturas y naciones. Desde lejanas tierras y diferentes geografías el hombre se va conectando con civilizaciones distantes.

Es un deleite reconocer en la cosmogonía algunas creencias que siguen vigentes. Que se adaptan y se siguen observando, a veces como algo curioso, otras como un signo que sobrepasa los tiempos.  

Los viajes siempre han amalgamado a las culturas. Los holandeses, por ejemplo, tomaron la idea de las culturas orientales para pintar con estaño sus famosas vajillas de azul cobalto. Con las cerámicas de Delf crearon una industria y una tradición que hoy día es copiada masivamente por los chinos para satisfacer el mercado turístico. Fue el mar el que llevó a los países bajos todo ese conocimiento, así como Marco Polo extendió el puente culinario, ida y vuelta, entre Europa y América.

Quedémonos en este continente, tan vasto y diverso, para aprender de los aborígenes. En el ártico canadiense, habita el pueblo de los inuit, que no son más que los esquimales. Inuit significa  el pueblo”, casi que una determinación tan sólida como el “ana karina rote” de los indios caribes (sólo nosotros somos hombres). Desde esas heladas tierras, y debido al éxodo familiar, los inuit ya no me fueron tan distantes.

Hace unos años, mi cuñado Miguel,  residente en Montreal, vino a Caracas para atender asuntos familiares. Entre sus recuerdos de estadía le trajo a mi hija Elvira un pendiente con una figura de un  Inukshuk.  Primera vez que veíamos esa imagen, que refiere a monumentos de piedra que los inuit erigen en señal de bienvenida a los cazadores, para orientar la ruta de desplazamiento del caribú, señalar un lago con abundancia de peces, o indicar pasajes para los exploradores en tierras prácticamente vírgenes. La tarjeta que acompañaba la prenda indicaba que ese monumento era la síntesis de un mensaje:  “Alguien ha estado aquí”, o también  “vas por buen camino”. Para una referencia más popular, el  Inukshuk  fue inspiración del logo de los Juegos Olímpicos de Vancouver 2010. 

Años después, en una playa del  estado Vargas, fuimos recibidos una mañana, por unos pilares de piedra que unos niños habían erigido en la arena. Inmediatamente, me transporté a Canadá y comencé a levantar un hombrecito de piedra al mejor estilo inuit. Lo hice con los recuerdos compartidos en mi primer viaje al hogar canadiense. Estaba dejando constancia de haber estado allí, de estar también en esta costa. Estaba señalando también caminos, frente a las azules olas que rompían fuertemente anunciando corrientes que se arrastraban desde otras tierras hasta esta orilla. Con el mar en la distancia de los quereres, cada piedra era un gesto de paciencia y equilibrio, de hermandad en mi pilar espiritual…

Por aquí estuvimos, en esas arenas blancas, bajo este cielo azul, extendiendo culturas, alimentando esperanzas, abrigando  afectos.















(Publico esta nota, luego de conocer la noticia de que la Embajada de Canadá cerró su departamento de visas en Caracas, transfiriendo este servicio a su embajada en Ciudad de México).








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