miércoles, 20 de noviembre de 2013

Una lectura pendiente

Le tiemblan las manos. Cuando habla suele mirar hacia el suelo, por unos segundos busca un interlocutor entre el público, o mantiene la vista en Willy Mckey,  su par en este coloquio. Pero al poco tiempo, vuelve a bajar la mirada o busca un punto muerto en el aire. Al fondo, las fotografías de los talleristas de la escuela de Roberto Mata ilustran un párrafo de Liubliana. Detrás de él, un close up de alguien que grita.  Eduardo Sánchez Rugeles, el autor de esta novela conversa con mucho humor, incluso tararea alguna canción de referencia en el libro. Con toda su expresión de alguien sencillo y sin poses, confiesa su timidez, como si nadie la hubiera notado aún.

La conversación descubre uno de los secretos del éxito de sus novelas. La timidez ha sido su escudo para ser un gran observador y escucha.  Y con sus rasgos de muchachito pasa desapercibido. En realidad, debo reconocer que imaginé al escritor con otra fisonomía, incluso más viejo de lo que es. Pero además, ese silencio exterior que todos ven fue un grito interior de las ideas que le hicieron merecer el Premio Iberoamericano de Novela Arturo Uslar Pietri, en el año 2010 por Blue Label/ Etiqueta azul.

Llegamos a buen tiempo, apenas alcanzamos a tomar casi que los dos últimos puestos de unas sillas que incorporaron a última hora en la Galería Tresy3, un nuevo espacio para la cultura y la fotografía, ubicada en Las Mercedes.  Cuando se sentó el presentador, la sala siguió llenándose. La gente de pie, algunos quedaron apostados en las puertas de acceso.

Sánchez Rugeles cuenta de sus primeras aproximaciones al trabajo fotográfico, hasta que Roberto Mata le dijo, “mejor dedícate a la literatura”. Y también narra su experiencia como profesor de adolescentes, en el Colegio San Ignacio de Loyola, y la motivación de escribir inspirado en ellos...

Y esta intención de escribir de este encuentro se debe justamente a la forma como este venezolano atrapó con su pluma la atención de una adolescente, mi hija de 16 años, quien debía leer Liubliana para una de sus asignaciones del liceo, pero mientras esperaba a encontrar el libro (en las librerías donde busqué ya se había agotado), se dedicó a leer  Blue Label/Etiqueta azul.

Yo la escuchaba reír, asombrarse, abstraerse hasta en la hora del almuerzo.  Ella me decía “mami, escucha esta frase”, y una tarde suelta un grito de lamento.  Corro hacia su cuarto y le pregunto  asustada ¿qué pasa?  Ella me responde, es que ya me quedan unas pocas páginas del libro y no quiero que termine…

No es la primera vez que mi hija se lee un libro sin el peso del compromiso académico. Pero en este caso, si debo decir con propiedad que es la primera vez que mi hija lee una novela con tanta emoción, y qué bueno que sea una novela escrita por un venezolano.

Durante el acto, Mckey leyó los peomas de Sánchez Rugeles, un complemento que se incluye en la nueva edición de Blue Label/Etiqueta Azul. Al fondo, la música de Alvaro Paiva, el mismo que junto con su equipo de la Movida Acústica Urbana grabó el disco de Rock& MAU –maravilloso por cierto.  Escucho por primera vez  el soundtrack de Liubliana, (esta historia está mejor contada por ESR, en su blog, de allí el enlace).

Estaba presenciando en ese momento  la complicidad de las imágenes, el sonido y las letras venezolanas. ¿Una hora, dos horas de nuestros días? Puede ser suficiente como un salvavidas en este mar de país, al que me aferro, donde algunos, incluso allende a nuestras tierras, dejan huella de la ciudad que ellos ven, perciben y sueñan;  construyen su vida desde su propia fé individual y la multiplican en sinergias.  En un largo etcétera de los rincones culturales como éste es donde me quiero quedar.


Otros premios de Eduardo Sánchez Rugeles

  • Primer Lugar. Mención Novela. Certamen Internacional de Literatura, Letras del Bicentenario, Sor Juana Inés de la Cruz por: Liubliana. (México, 2011).
  • Premio de la Crítica a la Novela del Año por: Liubliana. (Venezuela, 2012).

Un paréntesis en el etcétera

Jueves, 21 de noviembre,  una nueva cita con el escritor en la Librería Lugar Común, en Altamira. Otra vez a sala llena. Le acompaña el director de cine Alejandro Bellame, cuya obra "El rumor de las piedras" mereció el reconocimiento del 7mo Festival de Cine Venezolano (2011) de Mejor Película.

Siguen las convergencias de creadores venezolanos uniéndose en proyectos que los apasiona. El anuncio es que apuestan a la versión filmográfica de Etiqueta Azul/Blue Label. Y entre las anécdotas de cómo llegaron a trabajar juntos vale el reconocimiento a una lectora, la esposa de Alejandro Bellame, Elsy,  quien visualizó en la novela la futura película del cineasta.

Lo que más me sorprende es la fé de Eduardo Sánchez Rugeles en los jóvenes. Rechazó a dos directores anteriores porque quería que la película la produjeran sus alumnos. Hizo un intento de guión con ellos, pero los jóvenes (al fin y al cabo es una condición de los años) estaban a su propio ritmo. Finalmente Sánchez Rugeles terminó trabajando en conjunto con Bellame Palacios...

Lo que más me conmovió de la noche fue escuchar a ESR contar cómo en una cita pendiente a una entrevista de radio no pudo evitar desviarse y entrar al Colegio San Ignacio -que le quedaba en la vía- y recorrer sus espacios, mientras pensaba, "por esto me gustaría regresar a mi país, para dar clases a los muchachos, me gusta educar"...

Yo sólo volteo a ver a dos niñas adolescentes que fueron a escucharlo con entusiasmo, Natalia y Elvira, con la esperanza en el futuro en sus miradas.

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