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lunes, 8 de abril de 2013

Aquiles Báez en dos tiempos



Primer tiempo: En escenario
Entran los músicos en silencio, toman sus instrumentos. De una vez comienza el primer tema, luce la guitarra. En el segundo tema brilla la percusión. Tercer tema, destaca el contrabajo. Llega la pausa para las presentaciones. Habla el guitarrista. “la primera canción es de un excelente compositor que se llama Aquiles Báez”… Siempre es así, y siempre el público ríe con sus ocurrencias. Sus eternos compañeros de banda, Adolfo Herrera y Roberto Koch. 
Fotos del evento cortesía de Guataca Producciones/Andrea Báez

Llama a su primera invitada, Constanza Liz, y la voz se mezcla con las cuerdas sin palabras, destaca un ritmo brasilero, y luego otra canción. Cada uno de sus artistas acompañantes ejecutan dos temas. No recuerdo si este es orden, pero la memoria es engañosa, así que me arriesgo a decir que vino luego el saxofonista Héctor Hernández. Lo que tiene en juventud no alcanza para lo que tiene de talento. Báez siempre se desprende en elogios para sus invitados, así también lo hace con la siguiente voz, Sibyl González, dulce y melodiosa. Luego llama a escenario a Fabby Olano, una luz de sonidos, y además tiene el privilegio de ser la única compositora con tema propio en ese concierto. Todas las voces le acompañan cuando canta Y Saluda el tiempo. Y Linda Briceño, chiquitica y de voz gruesa, gran trompetista. 

Aquiles Báez siempre ha tenido esta condición humilde, es uno más entre sus músicos. Al fin y al cabo, la gran estrella es la música.

Este concierto me sorprende con temas novedosos, uno de ellos, Zayin, está dedicado a Anat Cohén, quien lo ha acompañado en varias oportunidades. Zayin es la séptima letra del alfabeto hebreo, pero  igualmente se encuentra en otros alfabetos, lo cual demuestra un vínculo mágico con otras culturas.

Al final, están todos los músicos en el escenario. A mis hermanos es un tema que nunca ha dejado de faltar en sus presentaciones. Imposible. Pero esta vez la pieza viene acariciada con las voces de estas cantantes, tarareos en armonía que si ya de por si la melodía es sublime, la multiplica. 

La canción de cierre, deja a los asistentes en un solo aplauso, o en un suspenso. Creo que es la primera vez que la toca en público. Pero es tan contundente que no hace falta un bis. Fue una noche de sonidos que ya nos fueron dados.

Segundo tiempo: La voz


Foto: Inger Pedreáñez
Llega levemente demorado, se disculpa,  “la verdad es que me quedé dormido”. Lo entiendo, el calor de la tarde casi que me deja a mi también en brazos de Morfeo.  “No te imaginas cómo queda uno agotado después de un concierto, y además tenía el cansancio acumulado de otro concierto la noche anterior...”. La siesta lo encontró chequeando la grabación del evento del viernes 5 de abril. 

-Voy a comenzar con una pregunta que no sé cómo la vas a tomar. Recuerdo que una vez le escuché a un músico decir que el público tiene como un inconsciente musical que le permite anticipar lo que viene en una melodía, trata de adivinar la nota siguiente.  Pero en tu caso, el sonido es inesperado. ¿Muchos bemoles o sostenidos?

(Se ríe). Estamos acostumbrados a líneas rectas, cuando alguien te sale con curvas, y te saca de esa horizontalidad te desconciertas.

-¿Y eso es lo que buscas, el desconcierto?

No sé si eso es lo que busco, trato cada vez  más hacer la música que siento. Quizás el mundo interior mío es complejo y por eso sale esa música compleja. Uno va planteando un camino, pero no el directo, que es el lugar común. Me parece importante salir de ese lugar común.

- No es un recurso.

Cuando tú haces cosas rebuscadas por ser rebuscado, suena rebuscado. Este es un planteamiento  similar cuando piensas en  la palabra. Cuando lees a Cortázar, por ejemplo, él te sorprende en cada frase y no es rebuscado. Imagínate, Rayuela, un libro que puedes leer de atrás para adelante, puedes empezar en cualquier capítulo sin perder el hilo conductor de la novela.

- Es como divertirse con las notas, pero además tiene algo de geometría, bueno, más bien la música es matemática. 

La música tiene una base matemática que es fundamental y el músico como tal tiene que ser un gran intelectual y tiene que proponer ideas, por un lado. Pero por otro lado, cuando la música se aleja de la emoción, va hacia un lugar que es demasiado cómodo, que es casi vacío. Y hay mucha música que es muy cerebral que carece de emoción. Cómo hacer un balance entre la emoción y el cerebro es complejo, pero es fundamental.

- ¿Cómo compones?

Tengo varias formas de componer, no es una sola, tengo algo más empírico, algo que es…

-…¿Como si te lo soplaran al oído? (interrumpo)

Exacto…Y tengo una forma de trabajar un poco más formal, de estructura de pensamiento que uno estudia y llega a ese lugar producto de la preparación. Es bien arrecho, porque esa preparación salta a la parte empírica también. Lo académico comienza a formar parte del empirismo. Es como cuando tienes un recurso de vocabulario y la palabra empieza a formar parte de esa dinámica natural del lenguaje.

-Cuéntame un poco de esa búsqueda que hiciste para componer la canción Zayin, dedicada a Anat Cohen, que está relacionada con la séptima letra del alfabeto hebreo.

Hay un ritmo árabe, hebreo, de toda esa zona, que es un siete por ocho, suena así (golpeando en la mesa) tacatá ta ca tácata ta ca tátaca  taca tá. Yo he tocado mucha música judía, he tocado con uno de los más famosos músicos judíos que se llama  Giora Feidman, con él aprendí mucho de la música judía, manejé muchos ritmos. Esta pieza la hice en ese formato, en siete, para Anat. Empecé una voladera más intelectual, ¿qué puedo hacer en siete?, y busqué el significado del siete en hebreo. Y me pareció muy bonito tomar la letra del alfabeto hebreo, zayin, y me puse a jugar con ese siete a nivel de creación. 

Es como hacer un verso en décima, y escribes un poema de diez versos, hice una estructura en siete, empecé a tomar fórmulas que fueran en compases de siete, lo normal son doce y dieciséis, cuando haces patrones con siete compases es como raro, después las melodías son puros siete, catorce y veintiuno, una escala tiene muchos sonidos, es cómo llegar a siete sonidos en una escala, y a veces usaba catorce sonidos, doce escalas de catorce notas. Me metí una lumpia loca ahí. Pero lo interesante es que suena orgánica, como cuando tu oyes una fuga de Bach, es un ejercicio matemático impresionante y suena orgánico, matemática perfecta.

- ¿Cuando te refieres a orgánico, quieres decir que suena natural?

Suena natural, ahí es donde tú vas. Hay músicos que se ponen a tocar cosas muy complicadas que no suenan natural.

-J.S. Bach fue un músico incomprendido en su época…

-Yo creo que yo tampoco soy comprendido…Y más aún en esta época de tanto vacío. Estamos viviendo una época muy vacía.

-¿Espiritualmente?

Hay mucho vacío en el ambiente a nivel espiritual.

-¿ Ese vacío lo has observado en Venezuela como en otras partes del mundo?

Cada lugar es diferente, por ejemplo, la media de Estados Unidos es muy inculta. Acá, el venezolano medio es más culto. La televisión latina en Estados Unidos es horrible, acá la televisión también ha hecho mucho daño a las tradiciones.

- Y sientes que no eres entendido.

Últimamente soy respetado.  Ha sido duro conseguir ese puesto. No siempre me han respetado, quizás por mi forma de ser,  irreverente. La gente que maneja los espacios culturales siempre me ha tomado como un anárquico, como un loquito…Una vez, yo estaba almorzando con un grupo de artistas y una persona de mucho poder de la cultura, de las que dicen lo que es bueno y lo que es malo, me dice: “La verdad es que yo no entiendo a los músicos, porque ellos dicen que lo que tú haces es maravilloso, y a mí me parece que esa música que tú haces es horrible”. Entonces yo le dije, lo que pasa es que yo hago música para gente inteligente…

Pero creo que no he perdido mi sencillez. Me considero  alguien accesible, no se me ha subido la cosa de maestro de ver a todo el mundo por encima, eso me parece patético. Luego no ando en líneas de poses.

-¿Y cómo has trabajado el ego?, porque el ego es tentador.

Todos tenemos ego y yo creo que tengo un ego grande, la cosa es que busco controlarlo a través de la espiritualidad, primero uno debe darse cuenta de que siempre va a haber algo superior a ti. Por ejemplo,  Nueva York es una ciudad que te llama mucho a bajar ese nivel de ego, porque la competencia es dura y muy grande. Aquí estamos en pañales en cuanto a competencia. Yo recuerdo que trabajé con una coreógrafa que se llama Margo Sappington, y me dijo que lo bueno de Nueva York es que tú nunca vas a ser más grande que la ciudad.

- Y viviendo en NY, ¿cómo te sentías siendo  latino?

Yo creo que comencé a ser parte de un universo subterráneo que tiene la ciudad. Son una suerte de guetos en donde, por un lado, está la música de calidad y por otro lado, la cultura latinoamericana. Las dos cosas.  Empecé a andar en el mundo de los jazzistas y la gente que hace música latinoamericana, que es impresionante. Hay distintos espacios muy diversos y multiculturales y uno empieza a formar parte de un mundo que te ayuda a aprender de la cultura, pero no dejas de ser un numerito de la seguridad social. Al final es una ciudad impersonal y Nueva York te hace un ser solitario. Uno viene acá y hay un cariño de la gente, a pesar de todo, aquí hay una espontaneidad que creo que en los países de primer mundo se ha perdido.

-Pero el tema que hiciste de Venezuela y volviendo a la complejidad, es…(suspiro).

Esa pieza la incorporé en un disco que aún no ha salido que se llama El Cantado.  Espero que salga pronto, son puras composiciones mías con 20 cantantes diferentes. Mi amiga Lucía Pulido que es colombiana, cuando escuchó ese tema dijo: “esto es Colombia, es México, es Argentina, es Estados Unidos, es todo”. Hay como muchas mentiras de la cual todos terminamos siendo cómplices.  

La pieza dice:

Esta tierra necesita otra ilusión
Cortesía Guataca Producciones/Andrea Báez
Un trasplante de emoción
Otra sentencia
Hoy sus hijos se pelean entre sí
Hoy su corazón está sangrando
Esta tierra olvidada
por pecados ignorados
 que dejamos en silencio sin nombrar

Allí todo es muy complejo, pero muy real. Todos somos cómplices de muchas cosas, no hay un solo lado. Del deterioro del país todos somos responsables, y no aceptamos eso.  Pero es también una realidad que nos negamos a ver. Esto va más allá de un pensamiento político. Yo creo que también es necesario poner a reflexionar a la gente.

-¿Cuando sentiste que tenías que hacer esa canción?

Eso fue como hace seis años, después de una de esas venidas a Venezuela, y simplemente llegó. Porque eso es otra parte de lo que yo soy, mucha gente cree que yo lo que hago es tocar guitarra y nada más. Yo soy un creador en todo sentido de la palabra  y para mi hacer letras de canciones es importante. Cuando eres creador eres completo. Yo siempre escribí poemas. A los 5 años estaba enamorado de una prima que me llevaba 12 años y le escribía poemas, y yo decía que ella era mi novia. 

-Por el lado de la emotividad, yo tengo una conexión especial con la canción A mis hermanos, que no te puedo explicar en este momento…Escucharla anoche con las voces fue muy sentido, impresionante, sorprendente, que no es lo mismo…

Si, me gusta como suena. La voz para mí siempre ha tenido un efecto muy especial, es el instrumento musical más cálido que hay.

- ¿Por qué tus canciones no tienen letras?

Creo que eso son cosas circunstanciales. El instrumento que estudié es la guitarra y es natural hacer cosas con la guitarra, pero yo siempre hice canciones y tienen el elemento de la voz.  Para mí, la voz siempre es importante. Ha habido cualquier cantidad de cantantes que he acompañado, y siempre lo hago. Cada vez trato de hacerlo menos, pero no porque no me guste, sino porque a veces te encasillan como “guitarrista de”. Me costó mucho sacarme el estigma de guitarrista de boleros. No lo soy. Yo soy otra cosa, soy un músico.

…de jazz? Cómo te definirías,  ¿de música venezolana?

De música, en su amplio sentido, no me gusta andar con etiquetas y esas etiquetas que te estigmatizan, que fastidian. Es importante hacer la música desde lo que uno siente que es, desde esa energía  tan contundente que es el hecho de crear y que es muy cercana a lo que puede ser Dios, y que a veces no sabes ni de dónde viene. Y de repente, plum, hiciste una creación. Por ejemplo,  A mis hermanos, que  gusta a mucha gente, no es una pieza fácil, pero suena fácil.

- Y quién puede interpretar la música de Aquiles…Por ejemplo, C4 Trío tiene una versión de A mis hermanos. Pero tu obra no es fácil de ejecutar.

A mis hermanos, ahorita la está tocando un gentío, la están tocando en Japón, en Brasil, en España, en muchas partes. Es la que más se ha difundido, y La casa azul, es una pieza de guitarra que también se ha difundido mucho.

La música es, en principio, del creador. Tiene esa cualidad, es tuya. Luego deja de ser tuya para ser del intérprete, la gente que expone esa música. Yo he traido muchos músicos invitados a mis conciertos, que tocan conmigo, Héctor es uno de ellos (el saxofonista de anoche)… y lo más contundente es cuando eso pasa a formar parte de la gente. A mí me parece hermosísimo, por ejemplo, que una pareja haya seleccionado  A mis hermanos como tema para casarse. Llegas a ser parte de la gente…

-Cuando yo escucho  esa pieza, siento que la música no entra a mis oídos, sino que viene desde dentro de mí, como una energía… ¿Tú logras sentir eso del público cuando estás en el escenario?

Es muy arrecho,  hacer eso sin tener la palabra de por medio. Yo creo que dejé de componer canciones con letras por mucho tiempo, porque quería lograr ese efecto de llegar sin necesidad de la palabra, y era algo más universal. 

-¿Le pondrías letra  a esa canción?

Para nada, ni a La casa azul…De hecho yo tengo una pieza que se llama Sabrosito, y le pusieron una letra que a mí me parece horrible…

- Has sido también un profesor para muchos músicos.

Los C4 son alumnos míos. Hay mucha gente a quienes les he dado clase. Eso ha sido parte de lo que yo soy, la formación es fundamental…(Cabe mencionar que cuando Aquiles audicionó para estudiar en el Berklee College of Music, en Boston, Massachusetts, los profesores le decían que él debía dar clases. “Yo no entendía lo que me decían”. Estudió sólo dos semestres, porque “estaba aprendiendo lo que ya sabía, sólo que en otro idioma”. En el Conservatorio de Nueva Inglaterra, en la misma ciudad también le pasó lo mismo, sólo hizo dos semestres, porque no encontraba un reto nuevo).

- Hemos hablado de lo desagradable que son para ti las etiquetas, pero hay músicos emblemáticos de los cuales me gustaría que hablaras:

Aldemaro Romero

Una referencia obligada. Uno es consecuencia de lo que ellos fueron. Aldemaro fue amigo mío, y quise mucho al maestro, de hecho en el disco la Platabanda, él escribió la presentación.

Alirio Díaz

Otro maestro que quise mucho. La otra vez me pasó algo muy bonito con él, yo estaba tocando en Barquisimeto y él fue al concierto. Antes de que yo terminara, el señor se ha montado en la tarima, y tomó el micrófono y dijo, “hoy estoy escuchando una guitarra que yo no conocía”. Eso me pareció hermoso.

Henry Martínez

Una referencia obligada para quien haga canciones, no sólo en Venezuela, sino en todo el  mundo de habla hispana. La poesía de Henry es impresionante, él es una generación anterior a mí, me encanta tocarlo.

Otilio Galíndez

Es otro maestro. 

Cecilia Todd

Grande, una de las primeras cantantes con las que yo toqué. Mi amiga. Cecilia es amiga de mi mamá, así como Soledad Bravo que es como tía mía. Es familia.

Ali Aguero

Un maestro, Lo que hizo con Los Cuñaos, lo que hizo como cuatrista, lo marcó a uno como músico.

- Y de las nuevas generaciones, quién podría ser un referente…

Hay muchos que tienen el potencial, pero todavía no veo el músico que sea un referente obligado. Están en desarrollo, el tiempo y la constancia es lo que te va a decir eso. No es solamente crear, sino ser consecuente con lo que estás haciendo.

- ¿Qué te depara ahora como productor, y lo que vienes realizando con Guataca Producciones?

Estoy construyendo un espacio, no es un trabajo fácil para nada, lo he hecho con muy pocos recursos económicos, y no es nada lucrativo, pero creo que es algo necesario. Deberían haber cosas más grandes a nivel de infraestructura, de políticas culturales, a nivel privado, crear más espacios.

- ¿Cómo llegas a encontrar a esos talentos? 

Investigo, voy a verlos, a veces me llaman, yo los contacto. Me entero por otros músicos… Hay un grupo que se llama Quintillo Ensamble y son muy buenos, Héctor es de ese grupo… ¿Por qué no apoyar a esos chicos que vienen después de uno?, ¿por qué no hacerles la vida más grata? O un camino más ligero del que uno tuvo. Este camino no es nada fácil, ha sido muy duro, y sigue siendo duro. Y uno continúa y cree que ha tomado cierta reputación… A pesar de todo eso, yo creo que hace falta más respeto por lo que uno hace.

Inger Pedreáñez 

Foto: Inger Pedreáñez


NdR (1) Firmo, aunque sea mi blog y suene redundante, porque debo hacer una confesión: Soy una gran admiradora del trabajo de Aquiles Báez (su fan número 1, como siempre he dicho), y cuando le dije que él era una de esas personas que debía estar en este espacio, también le confesé que no me salían palabras para describirlo, así que lo mejor era hacerle esta entrevista y me llena de orgullo. Me respondió de inmediato que sí. 

NdR (2): El concierto del 5 de abril fue a beneficio de HUB Caracas, la recaudación en taquilla se destinará para crear “el primer espacio comunitario de trabajo colaborativo en nuestra ciudad, para albergar, conectar, formar, desarrollar e impulsar, iniciativas y emprendimientos con impacto social”.

NdR (3) No mencioné a Soledad Bravo entre sus referentes, pero leo ahora un artículo escrito por Aquiles Báez que vale la pena compartirlo: "Mis recuerdos de la Soledad...Bravo"

viernes, 25 de enero de 2013

Suena la Guataca, noches que prometen



Publicado en Facebook el 1 de febrero de 2012

Llego a la taquilla a las 5.40 pm en busca de tres entradas para el concierto de las 8 de la noche. Sólo queda una, me dice el chico tras la vitrina. La compro, le digo sin dudar. Me muestra el mapa y acota, el único puesto que queda está ubicado aquí (el último en una esquina lateral) ¿Va a comprar la entrada? La compro, reitero.
De esa forma me convertí en la privilegiada en adquirir la última butaca del primer concierto de C4 Trío de este año, en el marco del inicio de las Noches de Guataca en su 3° temporada.
Los cuatristas Edward Ramírez, Jorge Glem y Héctor Molina, junto con Rodner Padilla (en el bajo) aparecieron en el escenario del Espacio Plural, con un aforo de 108 personas. “Somos un trío de cuatro con cinco miembros”, describen (incluyendo al director de sonido), citando el verso del poeta chileno Vicente Huidobro: “Los cuatro puntos cardinales son tres: el sur y el norte”.
Una excelente difusión mediática contribuyó en la venta hasta agotarse de las entradas. Pero aunque Guataca Producciones alcanzó prensa, radio y TV,  este grupo no requiere promoción en sus adeptos. Quien los conoce estará siempre deseando adquirir boleto a un viaje lúdico de cuerdas que se roban los sonidos de bandolas, mandolinas, guitarras, instrumentos de viento y percusión con manos malabaristas, derechas e izquierdas, en movimientos que quizás el profesor Angel Guanipa o A. Delpini jamás se habrían imaginado. Yo les dejaría a ellos el apodo que crearon para su amigo Cheché: Zumba cum Laude.
Dos canciones introductorias y el saludo para permitir a la audiencia respirar y soltar tanta inspiracion contenida en esas composiciones y en nuestros pulmones. Reproché mentalmente a quienes no se contienen en aplaudir antes de finalizar la pieza. Hasta la última nota, hasta ese sorbo del cierre de melodía que se apaga, es un deleite. Pero el sonido era poderoso y el contagio evidente.
La tercera canción, una promesa esperada: escuchar en vivo la versión de C4 Trío del tema de Aquiles Baez “A mis hermanos". "Es un himno para nosotros y para la Movida Acústica Urbana", explican y esa descripción ya anuncia la obra del padrino de estos chicos, quienes provienen de La Siembra del Cuatro, y  no han parado de recibir reconocimientos internacionales. Esta canción, tocada con sello propio, siempre ha movido en mí un pasado familiar, como si barnizara mi alma de colores olvidados y los endulzara con sabores de esta tierra y raíces del llano y montaña andina, del camino que somos. Aunque Aquiles está asociado a tierras coreanas, pero es Venezuela al fin como la sentimos. Esto es lo que me representa “A mis hermanos” al escucharla eternamente entonada en la ternura de la fraternidad, el abrazo musical que en esta ejecución  también se siente.
Definitivamente el cuatro ya no es el mismo. Aunque con orgullo Jorge Glem dedique una canción a su padre y confiese que al llamarlo por teléfono a su casa, en Cumaná, para interpretarla especialmente a él, su interlocutor le dijera “No entendí nada, mijo”.
Ejecutantes y compositores, pero sobre todo amigos que disfrutan uniendo sus entradas y silencios para hacer un toque único. Cuentan de su emoción al quererles mostrar al  maestro Aldemaro Romero un arreglo de su autoría.  Al finalizar, la voz del grande, “Muy bonito, pero ese tema no es mío”. El verdadero autor, Carlos Moreán, y el tema de nombre cambiado es también el sueño de seguir honrando a nuestros creadores musicales, mostrar su legado, pero con algo más, una huella, un esfuerzo de renovación y nuevos ímpetus.
El cuatro también acoge a los Beatles, cada tema una estación nueva, y habría deseado transportar ese momento a los años sesenta para que no me perturbara la luz del celular de mi vecina de asiento. Pobrecita, pensé, ¿Es que en su soledad cibernética no entiende en la oscuridad de esta sala la compañía de las manos batientes?  También es una forma de ruido el azul desde el reojo, señores.

Pero valía más para mí el aguacero de notas y aplausos. Glem, Ramírez, Padilla y Molina desde el centro a los cuatro vientos. Hasta que llegó la hora del secreto mejor guardado: Periquera con seis por derecho. No sé qué entendieron estos chicos de lo que es este ritmo tan particular de Venezuela cuando multiplican sus dos manos a través de los tres instrumentos, cruzados entre sí, y rompe la exhalación del público. Cual magos que acuestan sus sombreros, aparecen conejos de arpegios: La mano de uno en el traste del otro, la caja del primero tambor y arpa compartida, trabuco de ritmos y tonos. Razón tenían de anunciar la despedida.
Pero se equivocaron. Fuimos adictos y queríamos más. Y esta vez si, un vals de Aldemaro Romero, “De Conde a Principal”, volvió a renovar el paseo de calles coloniales por la autopista de esta ciudad moderna, pero que conserva su estructura, su fachada, su recuerdo melodioso y romántico. Este arreglo, de Gustavo Caruci y ejecutado en el estilo cuatrero, no llegó a escucharlo Aldemaro, pero estoy segura que estuvo allí, entre nosotros, saboreando las ondas musicales de la primera noche de Guataca, noche que se extenderá por 12 encuentros,incluido el anunciado bis de C4 Trío,  noches que prometen.

Video de este evento

Un canto en Rondalera


Publicado en El Universal, el 14 de abril de 2007. Para esta versión, lo actualicé con datos adicionales...

Recientemente leí un articulo donde se explicaba que la forma como veíamos la historia es la forma como nos vemos a nosotros mismos. La historia sugiere cómo es la humanidad. Podemos verla a través de las guerras,  en ese sentido más allá de la destrucción que envuelve en sí misma cada batalla, justificamos el derecho de la libertad, de la democracia y construimos la sociedad que creemos ser.

Pero hay otra historia que pocas veces vemos en las aulas escolares, que puede estar en los hechos cotidianos, diversa de acuerdo con cada región del país, y a la vez homogénea en nuestra idiosincrasia. No es fácil identificar en los libros, pero fue un centro educativo, Rondalera, en sus 40 años de existencia, lo que me motivó a asociar aquellas reflexiones sobre lo que somos y cómo nos vemos cuando buscamos nuestro pasado.

No es propiamente las cuatro décadas de esta institución la historia que quiero referir, aunque cabe reconocer su innovador sistema de enseñanza, en el cual la práctica pedagógica incluye el respeto por las diferencias individuales de los alumnos y la necesidad de expresión creadora para su desarrollo integral. Pero su celebración si tiene que ver con la forma en que me gusta reconocerme dentro de la sociedad venezolana.

La Asociación de Padres y Representantes convocó a un encuentro de alumnos y egresados, con unas "sorpresas" musicales:  Rafael "el pollo" Brito, Diego Álvarez (egresado de Rondalera), Roberto Koch (quienes juntos conforman el Bak Trío), Huáscar Barradas, Aquiles Báez, Leo Blanco y Huguette Contramaestre.

Esta es una historia de melodías, instrumentos de cuerda, viento y percusión. Todos estos jóvenes músicos venezolanos han adaptado las tradiciones musicales del país a ritmos innovadores, alternativos, creativos y con un respeto a los orígenes. "El Pollo" Brito no tiene cinco dedos en su mano derecha; cuando toca se multiplican y viajan desde los llanos hasta la costa, definiendo a Venezuela. La guitarra de Aquiles Báez tampoco es una guitarra, se transforma en tambor, o en niña traviesa que juega con las canciones guardadas en el inconsciente. Suena la flauta de Huáscar Barradas y uno se imagina el amanecer en una carretera del llano. Leo Blanco interviene sin anunciarse desde el piano, y se mezcla con el resto de los músicos para cerrar con un toque de salsa y "Llorarás". El cajón de Diego Álvarez y el bajo de Roberto Koch son puntos de encuentro entre el  Pollo Brito, Barradas y Aquiles e inspiran a ex alumnos, padres y amigos a soltar las caderas y brotar del cuerpo la esencia caribeña y afroamericana que nos envuelve.

Es la historia de nuestras mezclas culturales la que dicta el ritmo de esta clase, que en aula abierta, me hace pensar en Teresa Carreño, quien se hizo conocer internacionalmente en el piano, en un tiempo y una sociedad donde rara vez se reconocía a la mujer como virtuosa para la música. Me recuerda a Otilio Galíndez, a Luis Mariano Rivera, a Aldemaro Romero, a Henry Martínez, por mencionar a los compositores que he seguido. Son los sonidos de esta Venezuela los que quiero recordar.

Las aulas deberían llenarse del recuerdo de aquellos venezolanos creadores que dejaron en melodías y letras el retrato del país que ellos vieron con su inspiración. Así como de otros miles de venezolanos olvidados en una sociedad sin pasado, innovadores en ciencia, como Humberto Fernández Morán, inventor del bisturí de diamante; en arquitectura, Carlos Raúl Villanueva; o en gente sencilla como Juan Félix Sánchez...Rondalera celebró con música sus 40 años, una institución que cada año se lleva a sus muchachos con sus mochilas a recorrer Venezuela y a conocerla a través de su gente y sus anecdotas. La música es una herencia que le debemos dejar como parte de la educación, sigo pensando mientras recuerdo esa tarde que cerraba con el himno del centro educativo, que le rinde homenaje a Mercedes Angarita, fundadora y directora del plantel, y cuya letra fue escrita por el poeta margariteño Jesús Rosas Marcano. Me queda en el recuerdo su última estrofa como un eco: "…y cómo se pondría alegre, si (Simón) Rodríguez estuviera".