Mostrando entradas con la etiqueta literatura venezolana. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta literatura venezolana. Mostrar todas las entradas

martes, 1 de marzo de 2016

Los sketches literarios de Alejandra Parejo

Los hechos usuales pueden guardar secretos maravillosos. A veces lo que parece ser previsible, resulta más profundo y atrevido que una rutina vacua. Apenas un giro de las intenciones, una complicidad o picardía, o incluso una cobardía cambian el curso del destino. Así son las historias de la escritora y fotógrafa venezolana Alejandra Parejo, que en su brevedad establece la contundencia del desenlace.

Generalmente sus cuentos incluyen a muy pocos personajes. La relación de pareja, aunque sean sólo dos puede tener la complejidad de toda la humanidad. Los personajes alternos son necesarios en las pistas y ambientación de lo que sucede, y finalmente, el lector es uno más de esos personajes que terminan por comprender que todo es posible aún en la ficción, y más todavía en la realidad que vivimos cada día.

Alejandra Parejo tiene un sentido del humor envidiable, que muchas veces refleja en sus historias. Y es por esa sencillez en el lenguaje y la trama que el lector llega a preguntarse  cuán de cierto hay en cada relato que ofrece a sus lectores. ¿serán sus propias vivencias o la de sus amigos las que recrea o es la imaginación lo que le divierte? Realmente ni es necesario responder a esa pregunta. Ella los llamó “Cuentos para pasar el rato”, pero ese rato nunca pasa, se queda en la interpretación, en la duda, en la escena recreada con nuestra memoria cinematográfica.

El prólogo de su libro es del escritor venezolano Gustavo Valle (Premio de la Crítica de Novela 2014), quien dice: “Alejandra Parejo es una cazadora de imágenes y de pequeñas historias cotidianas. Su ojo y su escritura suelen posarse sobre personajes que están como arrancados de un evento en apariencia intrascendente, donde no hay ni un antes ni un después sino la pura duración de un instante. Un instante decisivo, muchas veces vertiginoso, marcado casi siempre por los temas que le son afines: las relaciones de pareja, las traiciones, el amor ocasional, la soledad, y no pocas veces la irrupción de un trágico desenlace o un elemento sorpresivo que otorga una vuelta de tuerca al destino de los hombres y mujeres que retrata. Los cuentos de Parejo son extremadamente concisos y en la brevedad está su marca de fábrica. Una mínima extensión que funciona como la compactación de una estampa o postal, o como los cuadros arrancados a una película de la cual poco sabemos y poco sabremos en definitiva...”.

Foto: Alejandra Parejo
Ciertamente, su narrativa guarda el estilo perceptivo similar al de un fotógrafo que captura un momento. Sólo que sus imágenes tienen un antes y un después en la escritura.

Siempre pensé que los relatos de Alejandra Parejo eran la solución perfecta para distraerse en un subterráneo entre una estación y otra. Pero no estaba en el submundo el lugar para tantas historias. Aspiraban a algo más y ahora son internautas a la disposición de los lectores de todo el mundo. 

domingo, 6 de diciembre de 2015

Ni con el pétalo de una rosa


Cuentan que el escritor español, Fernando Savater, quien es miembro del consejo editorial de Fundavag Ediciones, al llamarlo para saber su opinión sobre un libro en el que participaban 102 mujeres venezolanas, aunque el título se refiere a cien, exclamó al teléfono: Pero qué gilipollez me estáis preguntando,  ¡Publicadlo ya!

Y así, después de un poco más de tres años de esfuerzos para su recopilación y edición, la versión venezolana de ¡Basta! Cien Mujeres contra la violencia de género salió al mercado el pasado octubre. Desde entonces, las autoras y compiladoras Kira Kariakin, Violeta Rojo y Virginia Riquelme han mantenido una agenda permanente de charlas y presentaciones, todas a sala llena.

Delicado, pequeñito, pero que fuerza tiene.
El 7 de noviembre fue bautizada la obra en la Librería Kalathos, con palabras de Mercedes Muñoz, directora de la Asociación Venezolana para Educación Sexual Alternativa (Avesa). Previamente estuvo presente en la Feria Internacional del Libro de la Universidad de Carabobo (Filuc), en Valencia, en la Librería El Buscón, con palabras de presentación de Leoncio Barrios; en la librería Lugar Común, con la participación de las escritoras Carmen Verde Arocha y Eleonora Requena, y más recientemente, en la Librería Alejandría II con Ana Teresa Torres y Gisela Kosak.

Esta iniciativa no es inédita en el mundo.  pasado mes de octubre se bautizEl primer libro ¡Basta! Cien Mujeres contra la violencia de género fue publicado en Chile, en el año 2007, por las escritoras Pía Barros,  Gabriela Aguilera, Patricia Hidalgo, Susana Sánchez, Silvia Guajardo y Ana Crivelli,. Le siguieron otras ediciones en Perú, Bolivia, Argentina, México y Colombia.

El libro venezolano, cuya primera invitación fue a recopilar microrrelatos, es un prisma que reúne narrativa, poesía, mini ensayos, y muchos testimoniales. Verdad y ficción, análisis y poesía, que con gran delicadeza y un estilo muy sutil, describen la violencia. Aquella que suele callarse y se evita mencionar, porque la vergüenza provoca el silencio.

Son ciento tres coautoras porque a pocos días de llevar el libro a la imprenta, otras voces quisieron incorporarse. Son venezolanas de distintas profesiones, con distintos estilos, que viven en distintas partes del país, y también en el exterior, que hurgaron en su propia experiencia, o en su intelecto, en su análisis o invención poética, para darle forma a la menos visibles de las agresiones contra el ser humano. Yo me alegro de estar entre ellas.

Fundavag ediciones (Fundación Rosa y Giuseppe Vagnoni) no dudó en incluir este título en su colección editorial, Y su concepción gráfica fue muy bien cuidada. El libro, con un diseño diminuto (de bolsillo) podría ser el emblema de todo aquello que unas sencillas páginas pueden encerrar. La carátula lleva el pétalo fracturado de una rosa,  imagen que se tomó de una serigrafía de Roberto Obregón llamada Dece (Disección de una rosa). La diagramación estuvo a cargo de Waleska Belisario y la coordinación de la edición le correspondió a Federico Prieto. En la corrección, Alberto Márquez.

La historia no termina en nuestras costas.  Ya en producción se encuentran las versiones de este libro en Estados Unidos, Brasil, Uruguay, Paraguay y Francia.

Y como algunos caballeros se han sumado a opinar sobre este libro, aqui les dejo el enlace de una de esas reseñas, publicada en El Nacional, por Alberto Hernández

En mi caso, el texto que ofrecí para el libro fue sufriendo modificaciones a partir del taller de poesía con Igor Barreto. Me permito entonces, compartir la versión actual, porque no estoy publicando el que aparece en el libro. Ambas versiones son válidas.

Ligera de equipaje

No fue al amanecer.
Tampoco la noche escurrió sus pasos.
No hubo palabras, ni miradas.
Falló el encuentro a la hora insípida que enterró los torbellinos de ira.

Era el silencio un momento,
la sensación de batalla contra una enfermedad terminal.
La herida más profunda es la que esconde el alma.

Tomó su maleta, vacía de pasado.

Libre.
Como la nota de despedida que reposó en la cama:

“De tu dolor, ya me sacaste un tajo”.


Inger Pedreáñez


jueves, 25 de septiembre de 2014

Un paseo en la piragua del poeta


Igor Barreto  invitó a su taller de poesía a Malena Coelho, compañera de vida del poeta venezolano Juan Sánchez Peláez (1922-2003),  Premio Nacional de Literatura 1975. Barreto realiza una introducción sobre la corriente surrealista en la que estaba inmerso el poeta, su participación en el grupo Mandrágora (Chile), y hace una comparación con el poeta ruso Osip Mandelshtam, miembro de la corriente acmeista. Antes de iniciar el diálogo la voz de Sánchez Peláez, recitando sus poemas, creaba el ambiente para las preguntas.

- Malena, ¿podrías hacernos un retrato de Juan Sánchez Peláez? ¿Cómo era el poeta?, preguntó Igor.

- ¿Por qué no comenzamos primero viendo sus fotos?, respondió Malena.

Foto: Ricardo Jiménez
Era necesario. Una serie de fotografías que seleccionó Vasco Szinetar, eran más contundentes que mil palabras: el poeta en su hamaca, el poeta abrazado con Malena, el poeta  en su tierra, el poeta con afición por las armas, el poeta y sus amigos, el poeta y las tertulias bohemias, un grupo en el Gran Café, en la Casa de Bello, la vida en cualquier parte. Lo vemos con Eugenio Montejo, con Fausto Masó, con Ben Ami Fihman, con Luis Alberto Crespo,  con Yolanda Pantin, con una muy joven Tania Sarabia… Pero aún las fotos, el gesto, el momento, no tenían sentido sin los relatos de Malena.

- ¿Cuál era la disciplina de Sánchez Peláez para escribir?

- Era normal, a veces comenzaba a caminar y se llevaba la mano en forma de cuenco al oído, y  decía, “me están llegando cosas”…  Luego se ponía a escribir. Todo el tiempo escribía…

Malena habla suave y todos debemos acercarnos para escucharla bien. Desliza entre sus dedos una pulsera de cuentas, como un rosario. Es tan perceptiva que me explica que necesita concentrarse en ese movimiento para controlar sus deseos de fumar. Parece que me hubiera estado leyendo la mente. Ella viene también del mundo editorial, trabajó como correctora en Venezuela.

- ¿Alguna vez le corregiste un poema al poeta? ¿Le sugeriste que una palabra iba mejor que otra?  (Su gesto es casi de espanto, como si fuera a decirme “¡Vade retro, Satanás!”).


Foto: Ricardo Jiménez
- ¿Yo? ¿A Juan? ¡Jamás!  Era él quien buscaba siempre nuevas palabras. Recuerda que cuando ella le ayudaba a traducir a otros escritores, él podía pasarse mucho tiempo buscando la palabra precisa en español para darle a la traducción el correcto sentido poético, y le decía, “esos diccionarios no sirven de nada”. Entonces, Malena iba alimentando su diccionario con las definiciones y expresiones que le surgían a Sánchez Peláez.

“Conocí a Juan en Nueva York, y con él me vine a Venezuela, lugar al que pertenezco”, lo dice en su acento argentino, con la fuerza de quien se encariña con estas tierras, con los amigos, con la misma convicción que le permite cada vez que puede volver a este país, en largas estancias.

- ¿Qué nos puedes decir sobre el ego, o la vanidad, que un poeta como Juan podía tener, como suele ser con todo escritor?.

Malena niega la existencia de vanidad con una licencia sublime: “Juan estaba muy seguro de lo que él era. El creía en lo que hacía”. Será quizás por eso mismo, que le advirtió a su esposa que estaba prohibido publicar cualquier manuscrito que él no hubiera concluido. “¿Pero tienes poemas inéditos del poeta?”, le pregunto. “Son borradores”, responde.

El proceso de edición de un poemario era una tarea muy bien pensada. “Él los tomaba en el mismo orden cronológico en el que los escribía”. Alguna vez un amigo seleccionó un poema que él no consideraba que estaba listo, trató de insistirle a Sánchez Peláez que debía incluirlo en el libro. Él se lo arrebató  y lo rompió para así evitar que su voluntad no fuera cumplida.

- ¿Existe algún poema que tu sientas que te escribió para ti, que eras tú la que estaba en esos versos?, pregunta Igor.

- Bueno, eso es muy difícil saberlo, pero sí hay un poema que me dedicó.

- ¿Te lo sabes?

- Yo no soy hombre ni mujer… hay algunas palabras que se me pueden olvidar... Alguien acerca uno de sus libros, pero en ese momento su voz es más ronca. Le pide a Igor que lea el poema porque no le gusta cómo se escucha en su tono argentino.

A Malena
Yo no soy hombre ni mujer
yo sólo tengo resplandor propio
cuando no pierdo el curso del río
Foto: Ricardo Jiménez
cuando no pierdo su verdadero sol
y puedo alejarme libre, girar, bogar,
navegar dentro de lo absoluto y el
mar blanco

entonces sí soy
el hombre rojo lleno de sangre

y sí soy la mujer: una flor límpida, un
lirio grande

y también soy el alma

y clarean los valles hondos
en nuestro mudo abrazo eterno,
amor frío

-- y qué más
qué más por ahora
piragua azul
piragüita.

 “A veces Juan me miraba fijamente, yo me quedaba esperando como si estuviera a punto de decirme algo.  Entonces me daba cuenta de que realmente no me miraba, quizás ni sabía que me encontraba allí… Estaba pensando un poema”.




Obra de Juan Sánchez Peláez (Altagracia de Orituco, 1922 - Caracas, 2003)
Elena y los elementos (1951)
Animal de costumbre (1959)
Filiación oscura (1966)
Lo huidizo y permanente (1969)
Rasgos comunes (1975)
Por cuál causa o nostalgia (1981)
Aire sobre el aire (1989)
Obra poética (2004)



Paréntesis de despedida
El poeta Alfredo Herrera también estuvo en este encuentro,  venía a contar sus anécdotas, pero no lo hizo. En la salida de la Galería TRESy3 lo abordo buscando una respuesta: “Realmente esta conversación estaba llena de vida del poeta, y no quise cerrarla con un recuerdo de su muerte”. Yo insisto en que me lo diga. “Estábamos allí con él convalesciente, cuando se llevó la mano al cuello y dijo, tengo el poema... Fueron sus últimas palabras”.

Tenía el poema en su garganta.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Una lectura pendiente

Le tiemblan las manos. Cuando habla suele mirar hacia el suelo, por unos segundos busca un interlocutor entre el público, o mantiene la vista en Willy Mckey,  su par en este coloquio. Pero al poco tiempo, vuelve a bajar la mirada o busca un punto muerto en el aire. Al fondo, las fotografías de los talleristas de la escuela de Roberto Mata ilustran un párrafo de Liubliana. Detrás de él, un close up de alguien que grita.  Eduardo Sánchez Rugeles, el autor de esta novela conversa con mucho humor, incluso tararea alguna canción de referencia en el libro. Con toda su expresión de alguien sencillo y sin poses, confiesa su timidez, como si nadie la hubiera notado aún.

La conversación descubre uno de los secretos del éxito de sus novelas. La timidez ha sido su escudo para ser un gran observador y escucha.  Y con sus rasgos de muchachito pasa desapercibido. En realidad, debo reconocer que imaginé al escritor con otra fisonomía, incluso más viejo de lo que es. Pero además, ese silencio exterior que todos ven fue un grito interior de las ideas que le hicieron merecer el Premio Iberoamericano de Novela Arturo Uslar Pietri, en el año 2010 por Blue Label/ Etiqueta azul.

Llegamos a buen tiempo, apenas alcanzamos a tomar casi que los dos últimos puestos de unas sillas que incorporaron a última hora en la Galería Tresy3, un nuevo espacio para la cultura y la fotografía, ubicada en Las Mercedes.  Cuando se sentó el presentador, la sala siguió llenándose. La gente de pie, algunos quedaron apostados en las puertas de acceso.

Sánchez Rugeles cuenta de sus primeras aproximaciones al trabajo fotográfico, hasta que Roberto Mata le dijo, “mejor dedícate a la literatura”. Y también narra su experiencia como profesor de adolescentes, en el Colegio San Ignacio de Loyola, y la motivación de escribir inspirado en ellos...

Y esta intención de escribir de este encuentro se debe justamente a la forma como este venezolano atrapó con su pluma la atención de una adolescente, mi hija de 16 años, quien debía leer Liubliana para una de sus asignaciones del liceo, pero mientras esperaba a encontrar el libro (en las librerías donde busqué ya se había agotado), se dedicó a leer  Blue Label/Etiqueta azul.

Yo la escuchaba reír, asombrarse, abstraerse hasta en la hora del almuerzo.  Ella me decía “mami, escucha esta frase”, y una tarde suelta un grito de lamento.  Corro hacia su cuarto y le pregunto  asustada ¿qué pasa?  Ella me responde, es que ya me quedan unas pocas páginas del libro y no quiero que termine…

No es la primera vez que mi hija se lee un libro sin el peso del compromiso académico. Pero en este caso, si debo decir con propiedad que es la primera vez que mi hija lee una novela con tanta emoción, y qué bueno que sea una novela escrita por un venezolano.

Durante el acto, Mckey leyó los peomas de Sánchez Rugeles, un complemento que se incluye en la nueva edición de Blue Label/Etiqueta Azul. Al fondo, la música de Alvaro Paiva, el mismo que junto con su equipo de la Movida Acústica Urbana grabó el disco de Rock& MAU –maravilloso por cierto.  Escucho por primera vez  el soundtrack de Liubliana, (esta historia está mejor contada por ESR, en su blog, de allí el enlace).

Estaba presenciando en ese momento  la complicidad de las imágenes, el sonido y las letras venezolanas. ¿Una hora, dos horas de nuestros días? Puede ser suficiente como un salvavidas en este mar de país, al que me aferro, donde algunos, incluso allende a nuestras tierras, dejan huella de la ciudad que ellos ven, perciben y sueñan;  construyen su vida desde su propia fé individual y la multiplican en sinergias.  En un largo etcétera de los rincones culturales como éste es donde me quiero quedar.


Otros premios de Eduardo Sánchez Rugeles

  • Primer Lugar. Mención Novela. Certamen Internacional de Literatura, Letras del Bicentenario, Sor Juana Inés de la Cruz por: Liubliana. (México, 2011).
  • Premio de la Crítica a la Novela del Año por: Liubliana. (Venezuela, 2012).

Un paréntesis en el etcétera

Jueves, 21 de noviembre,  una nueva cita con el escritor en la Librería Lugar Común, en Altamira. Otra vez a sala llena. Le acompaña el director de cine Alejandro Bellame, cuya obra "El rumor de las piedras" mereció el reconocimiento del 7mo Festival de Cine Venezolano (2011) de Mejor Película.

Siguen las convergencias de creadores venezolanos uniéndose en proyectos que los apasiona. El anuncio es que apuestan a la versión filmográfica de Etiqueta Azul/Blue Label. Y entre las anécdotas de cómo llegaron a trabajar juntos vale el reconocimiento a una lectora, la esposa de Alejandro Bellame, Elsy,  quien visualizó en la novela la futura película del cineasta.

Lo que más me sorprende es la fé de Eduardo Sánchez Rugeles en los jóvenes. Rechazó a dos directores anteriores porque quería que la película la produjeran sus alumnos. Hizo un intento de guión con ellos, pero los jóvenes (al fin y al cabo es una condición de los años) estaban a su propio ritmo. Finalmente Sánchez Rugeles terminó trabajando en conjunto con Bellame Palacios...

Lo que más me conmovió de la noche fue escuchar a ESR contar cómo en una cita pendiente a una entrevista de radio no pudo evitar desviarse y entrar al Colegio San Ignacio -que le quedaba en la vía- y recorrer sus espacios, mientras pensaba, "por esto me gustaría regresar a mi país, para dar clases a los muchachos, me gusta educar"...

Yo sólo volteo a ver a dos niñas adolescentes que fueron a escucharlo con entusiasmo, Natalia y Elvira, con la esperanza en el futuro en sus miradas.