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viernes, 24 de mayo de 2019

Atrapada en “El naufragio de la Poderosa”


Ella es una araña. La primera vez que fui a su casa, encontré una guarida de libros que iban apilándose en las escaleras. Esa fue la primera trama que observé de su intimidad. Su casa está escondida en un jardín disfrazado de tupido bosque que impide ver hacia dentro. Acabo de entender que ese bosque va con ella, meciéndose en sus ideas.

Foto Inger Pedreáñez
Me parece que su formación de bióloga y el trajinar poético, además de ese ingrediente curioso y mágico imposible de describir, permitieron la materialización de la exposición “El naufragio de la Poderosa”, que desde el 4 de mayo ocupa las tres salas de la Organización Nelson Garrido, ubicada en Las Acacias.

Elisabetta Balasso teje poesía desde el trabajo colectivo, pero también desde su propia introspección individual. Combina la expresión lúdica con las manifestaciones oníricas y la narrativa objetual. El hilo conductor que entrelaza la trama es la Gran Novela de Ciencia Ficción Latinoamericana, cuyos diez primeros capítulos, de un proyecto de 30, pueden leerse sentados en el sofá del imaginario cuarto de la protagonista. Por supuesto, el nombre de esta novela es el mismo de la exposición.

Texto-textiles

Elisabetta Balasso con miembros del taller de poesía
Las ventanas más altas, de Igor Barreto.
La maraña de su red creativa está hilvanada con palabras que evocan personajes mitológicos, palabras que sin ser utilizadas en una frase u oración, sino simplemente colocadas en un espacio ya tienen significado. La crisálida, por ejemplo, puede representar diferentes acepciones, de acuerdo con el espectador. El comienzo del verso escrito en el bosque es "Cabeza abajo frágil / a salvo en otro mundo".

El conjunto de la muestra se sostiene en un singular calendario de 104 días, con sus respectivos solsticios, en ciclos de 13 días, cada uno representado por un vestido: ocho piezas bautizadas con un color y un nombre.  Artemisal/Lastimaré, A la hora de la brisa de la tarde, Nieves en Chipre, Drama en Cnossos, Malinche por la Lengua, Megelas Tornasoladas, Agua al Puente y Pétalo QuanYin. Los trajes tienen historias particulares, por ejemplo, Malinche está adornado con un doble corazón que implora a gritos la unión de los opuestos.

Cortinas semánticas

En la sala contigua (Sala El Gusano) se encuentra la ambientación de los objetos de la novela. Elisabetta Balasso habla de la transmutación alquímica, representada por el blanco el negro y el rojo. Evidencias de que La Novia Manca existe.

Foto Inger Pedreáñez
Una cortina que no abre sino que cierra el paso como una pared, en frágil tela, se llama Himen. Otras recurren al bordado en crema para representar el blanco. Pero no solo blanco, sino también blanca. Lo masculino y lo femenino exaltado en hilos de seda. Un video reinterpreta la historia de Penélope ambientada en Margarita. Una biblioteca apilada como una pirámide, y organizada también en colores, se erige como referencias bibliográficas del trabajo de la artista. Objetos imposibles o soñados, la biblioteca del futuro, la pajarera en oro, piezas de la ficción se hacen realidad, mientras el espectador puede leer los capítulos de la novela y consultar en códigos QR la descripción de esos elementos ideados por Balasso. 

La historia futurista revela que el modelo heroico no está funcionando, pero lo seguimos repitiendo. Habrá que esperar el desenlace, aún no escrito.

…Mientras el lobo no está
Foto de Carlos Reyna

Otras cortinas deben ser atravesadas como un bosque de árboles poéticos que cubren el paso a la sala siguiente (Sala Pediatría) para entrar al espacio del acto lúdico y de la adivinación. Juegos de mesa en donde las reglas se reinventan constantemente (se llama Mutatis), tableros que permiten sortear la escasez de bienes y servicios para asumir las usuales carencias como un tránsito del azar. En algunos juegos se puede ganar, pero hay otros en los que siempre serás un perdedor, quizás para adaptarnos o construir resistencia ante las tragedias cotidianas. Laberintos que al recorrerlos expresan que es necesario extraviarse para volverse a encontrar.

Seis grados de separación

La exposición incluye una manifestación artística a través del social media. En este caso, la emoción es efímera, porque se disipa con la misma velocidad que aparece en las redes. Pero los mapas permiten dejar constancia de un momento ya perdido en las conexiones cibernéticas.

En 2015, Balasso quiso celebrar los 150 años de Alicia en el País de las Maravillas, enviando por correo una invitación a los cibernautas para que imprimieran una de sus cartas y la dejaran guardada entre las páginas del libro de Lewis Carroll de alguna biblioteca pública. Quienes asumían la tarea le enviaban la constancia a la artista de haber cumplido su misión. Así, ella pudo conocer, por ejemplo, que en la Biblioteca Nacional de Caracas, uno de estos “misioneros” descubrió que ya alguien se le había adelantado a la tarea, y ese libro en particular guarda dos cartas.

Esos lugares del mundo fueron penetrados por algún día del calendario de Elisabetta, como un plasma energético que proviene de Venezuela. En la exposición el destino está marcado en un mapamundi que impide que la huella de esta fantasía globalizada no se pierda. La historia vuelve a entretejerse, porque en la novela “El naufragio de la Poderosa”, la protagonista va a una biblioteca pública y se consigue una de esas cartas.

El otro proyecto consistió en tratar de ubicar a alguien que tuviera un amigo que conociera a un amigo o familiar, que pudiera contactar a alguien que cumpliría, en un plazo de 8 días, el reto de enviarle una foto de Ulán-Bator tomada especialmente para este proyecto. No era una foto previamente existente, debía ser tomada como una expresión fidedigna de atender la solicitud escrita por las redes sociales. “Obtener una foto de la capital de Mongolia, era llegar a la antípodas, el lugar más alejado de Venezuela, yo estaba preocupada, porque pensaba que no lo iba a lograr. Al quinto día, alguien tradujo el texto al ruso cirílico y la primera foto llegó al sexto día. Es una foto en la perspectiva de un oficinista que está llegando a su trabajo, se ve el estacionamiento y los edificios, una foto que puede resultar anodina, pero que por sí misma representa mucho”. El arte también permite demostrar que se pueden conseguir cosas que parecen imposibles.

Si creen que con esta descripción del “Naufragio de la Poderosa” ya les he contado todo, están equivocados. Yo sólo estoy tratando de escapar por alguna hendidura de esta urdimbre, la invisible telaraña tejida por Elisabetta, que me ha mantenido atrapada, pensando en el metalenguaje, en la semiología, en la potencialidad de la creatividad transmedia, una trama de palabras, costuras, bordados, videos, y juegos  con la imaginación.





Dirección
Av. María Teresa Toro
Res. Carmencita, Apto. 5
Las Acacias
Caracas, Venezuela.
(a 6 cuadras del metro Los Símbolos,
paralelo a la Av. Victoria)

http://www.laong.org/contacto/

correo  info.laong@gmail.com

Pueden ver este video para conocer más de su obra, una entrevista realizada por Gala Garrido.
 

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Santiago Pol: un francotirador de imágenes

Santiago Pol es un políglota. Conclusión a la que llego luego de escucharle decir que el cartel es un lenguaje universal. Su idioma son los colores y las formas, la asociación de símbolos con figuras referentes.
Santiago Pol en la UCAB (Fotos: Inger Pedreáñez)

"Los diseñadores somos una especie de francotiradores de imágenes".

"Sólo son tres segundos el tiempo que se toma una persona en ver un cartel".

"Cuando una cosa es buena el tiempo no la afecta, los diseñadores creamos moda, porque buscamos lo original".

Cartel en homenaje al POP ART: representación
de  Andy Wharhol, Roy Lichtestein y Alexander Calder,
con un autorretrato de Pol
a partir de su cédula de identidad de los años 90.
Estas frases las dijo Pol al atender mi invitación para la clase Producción de Contenidos para Medios I, de la Escuela de Comunicación Social de la UCAB. El motivo, la exposición que se hizo en su homenaje en la Sala Mendoza (Universidad Metropolitana) y que lleva como nombre POLifonía Gráfica, medio siglo de carteles. La muestra estará abierta al público hasta el 10 de diciembre. 

Pol es considerado uno de los mejores 250 diseñadores gráficos del mundo, por la organización Cato Brand Partners, dirigida por el australiano Ken Cato, Premio en Leipzig por su cartel Cine por La Paz del Mundo (1982), Premio Nacional de Artes Plásticas  (2001),  y fundador de la carrera de Diseño Integral en la Universidad Experimental de Yaracuy, Uney, de la cual también fue su coordinador ente 2001 y 2013.

Cuando Santiago Pol estaba en proceso de elaboración del afiche de Cine por la Paz del Mundo, ya tenía una paloma de mascota llamada Homero. Antes de que él dispusiera de la toma, la paloma se posó de forma natural sobre el nido de películas. "No es photoshop, es una foto natural sin filtros ni montajes digitales. Esa fue la lección más hermosa de mi vida en lo personal y en lo profesional, pues de ella aprendí que el mejor diseño es el más natural. Gracias a ella gané una Medalla de Oro en un país que ya no existe la República Democrática de Alemania y esta medalla tiene el relieve de una paloma cuyo diseño es de Pablo Picasso".

Llegar al MOMA

Recuerda Santiago que en los años 70 el equipo de diseñadores del Consejo Nacional de la Cultura (Conac), al cual pertenecía, generaban un promedio de 16 carteles al mes, pero en Venezuela nadie se refería a este trabajo. "Queríamos saber si en nuestra obra había comunicación visual, así que enviamos afiches a diferentes instituciones a nivel internacional. En menos de dos meses, todas nos respondieron".

Por esta experiencia, el trabajo de Pol también se conoció en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, Moma, y una de sus obras se encuentra en esta colección. Curiosamente, mientras estaba en su luna de miel, decide visitar el museo para llevar uno de sus carteles, pero la oficina a la que se dirigía estaba cerrada por remodelación. Mientras trataba de explicarle al vigilante la situación, con el cartel en sus manos, un empleado escucha su nombre e inmediatamente lo reconoce, y le permite ingresar a las oficinas que hasta ese momento le estaban vedadas.

Intimidades

1980. Condicionamiento Pavloniano
para que los peces salieran a flote: 
La historia íntima de cada cartel fue surgiendo a medida que se proyectaban las imágenes. las conexiones siempre están presentes, como esta otra historia: "En el año 1963 yo me encontraba haciendo grafittis políticos en la calle, con la mala suerte de pintar la pared que estaba a la vista de un agente de seguridad. Me llevaron preso, me golpearon, yo fuí uno de los presos que inauguró la cárcel de El Tocuyo. Lo curioso es que diez años después, en el año 1979, la Guardia Nacional me pide un cartel para celebrar sus 42 años de fundación...". La imagen son unos cadetes formando el número. Cuando subían la grúa para tomar la foto, el fotógrafo le advierte a Pol que se dejó los rollos de película de la cámara... La tropa que servía de modelo tuvo que permanecer firme desde el momento que un jeep salió a comprar la película hasta que se tomó la foto.

También trabajó para el mimo francés Marcel Marceau, y en particular con la Fundación que operaba desde Venezuela. Durante una rueda de prensa en una de sus visitas, el artista le dice a los periodistas, "por qué me preguntan a mi, aquí ustedes tienen a Santiago Pol...". Y se fue en cumplidos hacia su trabajo, ocasión que le hizo entender que estaba preparado para las críticas, pero nunca para los halagos.


El afiche de un espermatozoide que fecunda el óvulo del desarrollo fue analizado en una cátedra de diseño de una universidad estadounidense. La profesora le envió a Santiago Pol el informe con los resultados semánticos. "Dijeron exactamente lo que yo quería expresar en mi propuesta gráfica. Tuve que hacer alrededor de 950 versiones en boceto manual de los espermatozoides, y finalmente el arte final mide dos metros de largo evidentemente porque no lo hice en computador, hoy lo podría hacer tranquilamente a tamaño carta".









Cuando le pidieron reflejar en un afiche el cambio climático, Santiago Pol optó por el recurso de los colores y el dibujo. Representó cielo, tierra y agua, con los animales en su hábitat, y el mismo escenario con el recalentamiento global.






Durante un festival de cine venezolano en Francia, Santiago recurrió al tradicional queso Camembert como para que los franceses se comieran nuestras películas.  "Para mi satisfacción, este cartel se pegó en algunas calles de París y me comentaron que los parisinos entendieron lo que quería decir. Esto confirma una vez más aquello de que el cartel es un lenguaje visual internacional. Para mí, diseñar un cartel es una cátedra de comunicación visual a nivel de calle, para todo público, para mi un cartel es una manera de provocar la imaginación del transeúnte, dejando un coñazo en ojo que tatúa un hematoma en el cerebro. El diseño gráfico de hoy no es ilustrativo sino conceptual porque invita a pensar, la imagen no es esclava del texto sino un complemento subjetivo", explica Pol.






En el año 2013 la Universidad Católica Andrés Bello le pide representar sus valores con motivo del 63 Aniversario de la casa de estudios. "Era un proyecto con carácter efímero, se suponía que iba a durar un año. Tuve una gran satisfacción cuando al hacer mi propuesta ninguna de las personas que formaban parte del comité evaluador objetó nada, todo fue aceptado".

Esta serie gráfica se vale de las manos para interpretar los postulados fundamentales de la UCAB, solidaridad, excelencia, pensamiento crítico.  Aún las imágenes se preservan en los módulos de la edificación, y algunos alumnos reconocen el nombre de este diseñador gráfico venezolano, principalmente por esta obra.

 Homenaje al diseñador uruguayo
 Carlos Palleiro, residenciado en México. 

 






miércoles, 26 de octubre de 2016

Precariedad, de la artista Xiomara Jiménez

Uno la tiene allí cerquita, nos vemos en reuniones, hablamos generalidades, nos preguntamos por la salud, y de pronto se revela un personaje.  La artista Xiomara Jiménez, nos sorprende con una exposición virtual, desde las redes sociales, con una serie de obras y un texto, que vale la pena compartirlo en este espacio.

Estas son las obras y las palabras que me motivan esta nota:






Precariedad
Xiomara Jiménez

Camino sobre cartones, camino quebrada. Con este proyecto, por momentos, me he sentido casi como una “recogedora de latas”, trato de realizar algo que parece estar en medio del basurero. No sé muy bien qué sentido tiene este hacer que no tendrá destino, o peor, cuyo destino podría ser su desaparición. Lo efímero de este material es tremendo; su posible pérdida, su descomposición, y con estos el tiempo, mi tiempo. Pero, sin embargo, digo, tratando de recuperar dirección, pienso que es necesario hablar − pensar, elaborar, juzgar o preguntarse por una cultura de la pobreza− hacerse una imagen o una invención desde el lugar de la fragilidad y del deterioro, no en balde en medio de ellos vivimos.


A veces cuando estoy pintando sobre estas malditas cajas siento repudio y descubro unas ciertas zonas de agobio, el proyecto se me torna repetitivo, cansón. La caja se ha convertido en soporte y en argumento. Por momentos me entusiasma el “hallazgo”, pero no deja de tirarme para atrás. Pobreza, precariedad, deterioro, suciedad, basura, mugre. Un mundo asfixiante que tiene un poder tan expansivo que todo lo arropa, los elementos comienzan a repetirse y se reducen. He pensado si no será éste un proyecto demasiado realista, figurativo, ilustrativo, un calco extremadamente evidente de realidad, y entonces trato de mirar con distancia apelando tal vez al extrañamiento como buscando la idea de que “en los bordes hay un verdadero espesor”. Se cruza también otra idea: componer −sobre, desde, en medio de − una estética de lo inestable.

 Una mañana recordé un programa de televisión en el que un presentador hablaba sobre “la fuerza de agarre”, el asunto discurría mas o menos así; en las manos está nuestro principal instrumento de sujeción a la vida, y en la medida en que las fortalezcamos mayor será el poder para sujetarnos. Se daban una serie de consejos, ejercicios y demostraciones de cómo tener más fuerza en las manos, sostenernos podría salvarnos de un resbalón o una caída peligrosa. Fui de inmediato y se lo conté a mi mamá −que con los años va perdiendo habilidades para aferrase y a veces luce un desprendimiento casi santo− previniéndola frente al riesgo de una caída. Sostenerse al bajar o subir escaleras, asirse, le aconsejé. También recordé a nuestra amiga Michaelle Ascencio, cuando nos decía que en la madurez uno debía tener algo a lo que sujetarse.

Pero luego, a solas con mis objetos me pregunto ¿qué ocurre cuando aquello que sostiene − ata, amarra, sujeta, aferra − es demasiado frágil? El trabajo que voy desarrollando −y que está en proceso porque sé que falta un nudo más allá de lo evidente− tal vez está sometido a soportes tan vulnerables que corro el riego de que se corrompan tempranamente, y esto es muy terrible porque un artista tiene el sueño de producir obras que perduren en el tiempo para dialogar, intercambiar, o simplemente demarcar un propósito. Asuntos que me confrontan por partida doble con otra cuestión: la incertidumbre.


Mi esposo me ha dicho mientras desayunábamos (nuestra mesa del pequeño comedor, debo aclarar, está llena de estos objetos con los que compartimos de manera cotidiana) que esta obra es como un descenso (¿Un tránsito hacia el infierno?). Hay una tensión entre algo que intenta sostener − yo sello con tirros, cintas pegantes y otro tipo de implementos para embalaje y trato de resolver los problemas plásticos que van surgiendo agarrada de la idea de una “estética de lo sucio” − pero el material continuamente tensa la cuerda de su delgado equilibrio rebajándolo hacia la dirección contraria, y juega a desbaratar lo que he logrado alzar.



En el año 2000 la artista Xiomara Jiménez recibió el Premio Fama de la Fundación Polar por un proyecto artístico para “estudiar” desde las artes plásticas temas como la pérdida, el duelo y el drama de mujeres víctimas de abuso policial y militar.

Desde 2007,  estuvo trabajando con adolescentes de Antímano y áreas vecinas, en un proyecto de la UCAB  para brindar espacios de reflexión y creación artística en estas comunidades. Primero trabajó con la identidad a partir de los retratos, y que cerró con la muestra "Soñadores. Retratos de Contacto" (2009). 

En 2012 se realizó también en la UCAB la exposición "Hallazgos. Vestigios del presente", como un ejercicio mordaz y lleno de ironía sobre la condición precaria que está presente en la acumulación de objetos y "tesoros" muchas veces inútiles.

Estas cajas, son la manifestación de su propia inquietud. Sus palabras lo dicen todo.


Y desde Panamá...

Una mudanza también puede ser el catalizador del arte.

Venimos de una familia que ha seguido las manifestaciones artísticas en todas sus disciplinas: desde la música, la pintura, mi padre en las letras, mi madre en el diseño. Incluso en la jardinería y el cultivo de sus rosas.

Pero mi hermana Chally nunca estudió pintura. Aunque cada vez que íbamos juntas a las exposiciones de la Feria Iberoamericana de Arte (FIA) ella me decía, mira esta obra, tán fácil de hacer...

Un nuevo hogar, en otro destino, le ofreció el tiempo para transformar las cajas de mudanza ya vacías en aquello que le permitiera construir sus nuevos días. Esa identidad visual fue marcando terreno en paredes que inauguraban otra cotidianidad... (y ahora que lo pienso, en sus propias distancias y partidas, mi hermana Alba también canalizó su soledad en el estudio de la pintura y mi hermana Marjory en los ikebana, la jardinería y los origami).

Son historias totalmente diferentes, nada de esto tiene que ver con el proceso estudiado de una artista como Xiomara Jiménez, pero desde el afecto uno encuentra que su expresión artística, realizada de manera empírica, también dice algo más allá que una intención de decorar las nuevas paredes vacías.




domingo, 3 de abril de 2016

La libertad en el alma de Jacobo Borges

Se cayó el vaso. ¡Qué extraño! Cayó a las 11:00 de la mañana. Esa es una señal. No cayó ni a las 12:00, ni a las 4:00 de la tarde. ¡Qué cosa más rara! El vaso se partió en dos mitades… Sólo en dos, ni una más. ¡Qué problema! Que presagio será ese. Alzo la vista, miro hacia el techo. Justamente sobre el vaso roto está la lámpara. ¡Tiene el bombillo quemado! Ese sí que es un problema. El vaso se ha roto y arriba el bombillo está quemado. ¿Qué será lo que está pasando? Cómo se podrá arreglar eso...Todo es tan difícil. Entonces viene Diana, se monta en un taburete y cambia el bombillo...

Relato de Jacobo Borges durante su conversatorio el sábado 2 de abril en la Galería Freites. Caracas.


La historia que narra Jacobo Borges casi al final de su conversatorio es una metáfora sobre la responsabilidad que tenemos todos para procurar un cambio en la realidad que nos rodea. Así como él transforma la realidad  desde la pintura con seres cuyas proporciones son extravagantes o amorfas, o en las faraónicas escenografías que se ideó para grandes piezas teatrales dirigidas por Isaac Chocrón o José Ignacio Cabrujas, de la misma manera, reflexiona en estas deformidades que esperan por otro alguien que las enderece.

Yo no entiendo cómo una isla como Singapur que no tiene agua, que no tiene petróleo, con 6 millones de personas como en Caracas, se logró convertir en un país desarrollado. Creo que la diferencia es que en Venezuela uno no se hace responsable de lo que hace. Yo soy así por mi papá; esto me pasa por que mi jefe…Lo que uno es siempre es responsabilidad del otro…

He estado presente en tres de los cuatro conversatorios que se han realizado en la Galería Freites, para rendirle homenaje a Jacobo Borges, con una exposición que abarca 30 años de creación artística. Mientras en las paredes se distribuyen las 50 obras que presentan la evolución del artista, la esencia del arte se cuela en el espacio libre, entre el público que acude a cada sábado de cita, para escuchar a este humilde caraqueño, que transitó su infancia entre El Cementerio y Catia, y a sus 86 años sigue andando caminos, construyendo e inventando, sea en Venezuela o en otra parte del mundo.

En cada uno de esos encuentros, Borges reitera que él no consideraba oportuno que le hicieran esta exposición. ¡Pero cuán equivocado estaba!, lo admite, porque esta experiencia le ha servido, no sólo para hilar sobre sus pasos, sino también para abrir oportunidades y esperanzas a la gente que le acompaña.

El primer encuentro fue con Ximena, su hija, y la intervención de su voz con una secuencia de fotografías refieren la conjunción de  canto y pintura que se estableció cuando la Camerata de Caracas ensayaba en el taller de Borges, mientras él pintaba a sus integrantes.  Escuchar a Borges es saber  cómo se le rebeló a su padre, quien le dijo que sería carpintero como todos en la familia, pero él se escapó para pintar, y se buscó un trabajo en una agencia de publicidad. Atrevido le lanzó los dibujos al director creativo, siendo un niño. Directamente le dijo que quería trabajar allí. Hasta mejor sueldo obtuvo, mintiendo sobre lo que ganaba siendo carpintero (trabajó como dibujante en la publicidad McCann-Erickson con Carlos Cruz-Diez).

Borges y Cabrujas, Borges y María Fernanda Palacios, Borges y Aquiles Nazoa, Borges y Román Chalbaud, Borges e Isaac Chocrón, Borges y Mario Abreu, Borges y Sergio Antillano... Una Venezuela que es tan reciente en la historia y que parece tan lejana. Pero teniendo a Borges en este recinto de Las Mercedes se revive un país, y entonces, ya no nos sentimos tan solos ni ajenos.

El agua como vertiente de su creación: “Una vez me preguntaron cómo era pintar el mar. Yo respondí que yo sólo quería pintar el agua violenta, y me llevan a una playa oceánica. Estando allí me agarra una resaca. Casi me ahogo. La muerte es dulce, lo que es duro es vivir. Yo decidí dejarme ir, no pelée con el mar. En algún momento salí y vi a Diana a lo lejos que me gritaba que estuviera tranquilo…Por eso dibujé aquellos cuadros (señala al fondo) donde el personaje nada hacia arriba, buscando el cielo, pero yo pensaba que si también lo colocaba hacia abajo, también llegaría al cielo, porque llegaría al otro lado de la Tierra”.
Foto de la Galería Freites

Una persona del público le pregunta que si el imitó la obra de Rembrandt

-Claro que copié. Para uno buscar su propio estilo tiene que ver mucho, seguir a alguien, pero finalmente uno hace lo que quiere hacer.  El tema lo vuelve a recordar en su tercer encuentro cuando dice, “Si yo me acerco a Leonardo o a Rembrandt  y luego salgo a pintar, yo soy un irresponsable, porque después de eso no debería pintar. La modestia nace de la realidad. Lo que vale para nosotros es el esfuerzo de construir”

Las artes escénicas y el cine son los temas para invocar la tercera cita. “Siempre he estado transformando la realidad. Nunca la he podido ver como es. Por eso mis diseños son así. Crear escenarios que se quedan atrapados entre la realidad y la no realidad. Cuando diseñé la escenografía en Los Ángeles Terribles había un mosquitero que arropaba a todo el público. Ahora me asombro de que me hubieran permitido hacer esas locuras”.

Jacobo Borges habla de sus próximos proyectos, sigue inventando, sigue creando.


El único sitio donde puedo estar libre es en esa parte secreta de uno. Jamás se puede penetrar. Uno hace una traducción visual de la realidad, pero eso son equivalencias. Cada uno de nosotros tiene algo especial para esas equivalencias. Estoy lleno de imágenes y de historias en la cabeza. No me hace falta un líder que me explique algo, uno tiene formas de entender. Esa debe ser la sociedad del futuro. Todos somos libres en un punto que ninguna sociedad puede controlar.




Próximo encuentro: 

Sábado 23 de abril, 11:00 am
Imagen de Caracas. 
Proyecto multimedia presentado por Jacobo Borges en 1967, 
como celebración de los 400 años de la ciudad de Caracas.

sábado, 5 de septiembre de 2015

Una visita al taller de Ángel Hurtado:

"Para lograr la excelencia hay que tener rigor"


Un coup de foudre fue lo que sintió el pintor venezolano Ángel Hurtado, la primera vez que visitó la isla de Margarita. Ese flechazo le hizo quemar las naves en el extranjero, después de 37 años viviendo entre Paris (12 años), Nueva York y Washington. Quien desde la ausencia imaginó los relieves del macizo guayanés, casi que de forma inconsciente, cambió la civilización y la selva de concreto, harto ya de ella, por los colores y contrastes de la naturaleza.

Hurtado, Premio Nacional de Pintura 1961, ya tiene 20 años viviendo frente al mar, con un acantilado que le permite ver todos los azules del horizonte. “En unas vacaciones en esta isla, apenas llegué sabía que quería pasar mis últimos años aquí. Un amigo me dijo que estaban vendiendo una casa y salí corriendo a hablar con el dueño. Sin saber el precio, le dije yo se la compro. Regresé a Washington, vendí mi casa para poder comprar la otra, para el regreso definitivo a mi país”.

En esa casa tiene su taller, donde de vez en cuando acoge a jóvenes artistas y los aconseja. A sus 87 años se mantiene activo, bien elaborando collages para entretenerse, restaurando algunas de sus pinturas, o trabajando en grandes serigrafías de sus tepuyes, con la exigencia que nunca ha perdido para lograr el tono esperado, los colores, la luz, la forma y su ambiente.

Ángel Hurtado en su taller. Foto: Elvira Prieto
“Aquí puedes ver 20 cuadros de Paul Cézanne recortados y puestos en uno solo. Es lo que se llama un collage (un encolado). Esto lo hago como divertimento. También hice este collage con la obra de una pintora rusa del siglo pasado, Tamara Lempicka, que pintaba desnudos femeninos…Si vas a tomar la foto —le sugiere a la fotógrafa—, ponte al centro del cuadro para que no te quede en perspectiva y evita los reflejos, buscando una luz rasante”. A medida que vamos conversando, siempre orienta sobre la mejor vista para la cámara, y no es para menos. Además de su trabajo como artista, fue profesor de pintura, dibujo y fotografía en la Escuela Cristóbal Rojas y de periodismo cinematográfico en la UCV, además de haber dirigido el Departamento de Cine de la Televisora Nacional de Venezuela.

“A mí no me gusta que me llamen artista plástico, porque yo no soy de plástico, yo soy de carne y hueso, me gusta más bien que me llamen artesano visual. Siento el arte como un oficio, una artesanía. Yo pienso que hacer retrato en pintura no tiene sentido hoy día.  Aunque la Gioconda sigue estática, sonriendo, porque en ese época no existía la fotografía”.

Foto: Elvira Prieto
Este es mi método: cuando veo algo que tiene movimiento lo filmo; cuando hay algo que es estático, lo pinto. Por eso es que me gustan tanto los tepuyes. Son paisajes inamovibles que tienen siglos y siglos inmutables. Tampoco trato de hacerlos realistas, porque para eso tomo una cámara y le hago una foto. Lo que he hecho durante estos años es ir a la Gran Sabana, donde me inspiro, grabo los tepuyes en mi memoria, después vengo a mi taller y pinto el recuerdo”.

- ¿Cuál fue su impresión la primera vez que vio un tepuy?

- Vivía en Washington en esa época, y era un pintor abstracto. Y yo me di cuenta, en el año 78 más o menos, que en mi pintura abstracta aparecían unas formas como los tepuyes, unas mesetas, y la gente me decía “parece un tepuy”, pero yo nunca los había visto en su estado natural.

Lo primero que hice cuando llegué a Venezuela fue viajar a la Gran Sabana. Me quedé mudo, asombradísimo, lo que más me impresionó fue el silencio, un silencio audible, ¡que casi se podía “tocar”!  y después de ver  las formas que por siglos y siglos han estado inmutables, me dije, este es el tema ideal para una pintura, pero yo no quiero copiar. Lo que hago es un tepuy subjetivo, uso la forma, uso el ambiente, pero no lo copio. No es un paisaje documental, no es el Autana ni el Roraima, es una forma creada en el estudio.

Uno pinta por imaginación, yo nunca copio, porque para copiar uso el aparatico, porque es insuperable, uno no puede hacer algo mejor que la cámara fotográfica.

- ¿Considera a la fotografía como la mejor manera de expresar el arte?

- En algunos casos, sí. La fotografía es un arte, igual que la pintura. Depende de quién utilice el aparatico, porque hoy en día todo el mundo es fotógrafo. No es lo mismo ser fotógrafo de teléfono celular, que ser fotógrafo de estilo, igual que un pintor. Yo veo una foto de Henri Cartier Bresson y nadie me dice quién es el autor, enseguida sé que es una foto suya. Cada fotógrafo tiene su estilo y se le reconoce enseguida.

- ¿Y considera que la expresión artista más completa es la audiovisual, el cine?

- Yo no hago diferencias. ¿tú haces diferencias entre tus hijos? Para mi yo hago un video, una foto, una pintura y son mis hijos, a los hijos uno los quiere igual.

Ángel Hurtado trabajó en el Museo de Arte de las Américas, de la Organización de Estados Americanos haciendo documentales de arte en América Latina. Parte de ese trabajo se quedó allá, y nos cuenta el artista que se está perdiendo por falta de mantenimiento y conservación de las películas. Muy pocos en Venezuela lo han visto y las veces que eventualmente se han transmitido ha sido por “Vale TV”. Él ha logrado salvar algunos de sus documentales para la difusión y los ha donado a ese canal, por considerarlo el único que educa al televidente. De esos videos destacan Vibrations (sobre Jesús Soto, 1959); La Metamorfosis (basado en el cuento de Kafka, 1964). En ese mismo año fue reconocido con el premio especial del jurado en la XXV Bienal de Venecia por una película sobre José María Cruxent (1963) y, en 1973, recibió dos Premios  “Golden Eagle” por sus documentales sobre Jesús Soto y José Antonio Velázquez (un pintor hondureño).

Recientemente, estaba trabajando en el documental de un joven artista, Yonidel Mendoza, que utiliza mallas metálicas como recurso expresivo, pero él se fue a una exposición en Corea y se quedó. “Estoy esperando a que regrese para terminar el video”. Trabaja en Caracas con un amigo que tiene un taller audiovisual, Isaac Bencid. “Lo estoy entrenando para que continúe mi labor desarrollando documentales sobre arte, porque rara vez se hace eso en Venezuela”, dice Hurtado.

- ¿Hay alguna película que soñó con hacer y no la hizo?

- Tengo guiones ahí que nunca pude hacer y que nunca haré.

- ¿Y cuántos guiones tienes guardados?

- Como cuatro o cinco, tengo uno sobre Reverón, pero Risquez  se me fue adelante. Aunque la película mía sería muy diferente, porque yo haría Reverón, el pintor, y Risquez hizo Reverón, el loco. Lo que él tomó de Reverón fue la locura, su pintura no se ve. No muestra un solo cuadro original de Reverón. Los que ven esa película no pueden entender por qué fue tan famoso como gran artista.

- ¿Y en dónde queda el Reverón de Margot Benacerraf?

- Ah, bueno, eso es muy distinto, el Reverón de Margot es magnífico, porque es el hombre y el artista.

- ¿Y qué va a hacer con sus archivos?

- Allí se quedarán, guardados , quien sabe hasta cuándo.

- ¿No ha pensado en el destino que se le puede dar a su obra?

- Eso nadie lo sabe. Yo no sé, eso depende si mi trabajo es bueno o no.

- ¡Su obra es buena!

- Eso nadie lo sabe. El peor juez es uno mismo, yo no sé si lo que hago es bueno o es malo. En muchas oportunidades he dicho que no pinto más porque lo que hago no me gusta. Sin embargo trato, sigo intentando hacer algo que sirva. Quisiera hacer una obra maestra, pero no la he logrado. El día que la logre no pinto más, para qué si ya la hice, pero eso es algo relativo… y muy subjetivo.
Lo dice quien fue discípulo de Marcos Castillo y Pedro Ángel González, dos artistas a quienes, según él, les debe su formación.

- ¿A qué atribuye que en Venezuela ese trabajo documental no prospere?

- Porque este es un país inculto, el 80% de la gente no tiene educación y el arte es educación. Aquí a la gente lo que le gusta es el fútbol y los cantantes de farándula. La gente es muy superficial. Fíjese los grandes intelectuales que ha dado Venezuela en literatura, empezando por Rómulo Gallegos, José Rafael Pocaterra, Salvador Garmendia, Mariano Picón Salas, ¿dónde están los intelectuales de hoy? Hay muy pocos, casi no se ven.

- ¿Cuál es su película preferida?

Ciudadano Kane es una película que rompió todos los esquemas en la fotografía, guión, los personajes, es una maravilla; también todas las de Chaplin, y de directores más recientes, Igmar Bergman, es el cineasta que le dio madurez al cine. Bergman introdujo la literatura, la filosofía en el cine, es un tipo admirable. Fanny y Alexander, es magnífica.

- ¿Y del cine italiano?

Vittorio De Sica,  fue otro que revolucionó el cine, porque  usó lo que se llamaba el arte povera, sin actores famosos, con un equipo muy restringido. Ladrón de Bicicletas es una joya de película.

- ¿Cuál es la clave que usted considera que se necesita para lograr una buena película?

- Lo primero es hacer un buen guión, porque el guión es lo esencial. Si tú vas a hacer un documental y eres un excelente fotógrafo y la iluminación es maravillosa, y los personajes son excelentes, pero no tiene un buen guión, se cae la película. El guión es el esqueleto. Igual con un cuadro, si no tiene composición, se cae, no se aguanta. Como una casa, si no tiene una estructura sólida, ¡se derrumba! Tú ves películas bien hechas, con un guión pésimo. y no valen nada.

Después, una vez que tienes un buen guión, seguirlo. El cineasta ruso Pudovkin decía que el guión tiene que ser de hierro, inamovible. Tú lo imaginas, el guión está en la cabeza cuando lo escribes,  después tienes que seguirlo, y cambiar algunas cosas que se presenten en el rodaje y que no estaban previstas, pero siempre en función del guión original.

Y finalmente, tener una técnica impecable, manejar la cámara  Y las luces muy bien, con gran rigor. Además, cuando ves por el visor, tienes que componer un cuadro. Cuando yo veo por el visor yo estoy pintando. Tengo que moverme, buscar el mejor ángulo, ubicar la buena iluminación. No es tomar la cámara y filmar  cualquier cosa. Para que ellas queden bien hechas hay que tener rigor. Para buscar la excelencia se necesita  rigor.

                                                  Foto: Elvira Prieto

Variaciones de un encuentro

Conocí la obra de Ángel Hurtado cuando recorría museos y galerías para hacer notas dominicales sobre arte y coleccionismo. Entonces llegó a mis manos uno de sus catálogos, corrían los años 90. Para entonces, yo ya estaba cautivada por la Gran Sabana, territorio que sirvió para elaborar mi tesis de grado en Comunicación Social, que llevó por título “La Gran Sabana, para que perdure y no se olvide”. Cuando vi sus tepuyes inmediatamente me identifiqué con su obra, y posteriormente con su trabajo abstracto, las figuras siderales, otro tema que llamó mi atención desde niña: la astrología, el universo, y su representación.

Siempre pensé que hice un sacrilegio haber recortado aquél catálogo para componer mi propio paisaje de tepuyes con los suyos. Ahora que veo sus collages, su divertimento, me siento cómplice de su obra.

Es llamativo que en los dos collages que exhibe Hurtado en su taller, de Cézanne y Lempicka, destaque la figura humana, puesto que en su trabajo como pintor no existen los personajes. 

Foto: Inger Pedreáñez
No es de extrañar la admiración que Hurtado profesa a Jesús Soto y Armando Reverón. Con ambos sostuvo una sólida amistad. Es Soto quien escribe el prólogo del libro que escribiera Marta de la Vega sobre su vida y obra. En esas páginas, el maestro del cinetismo destaca una afirmación de Hurtado, porque se identifica con él en su búsqueda para expresar el movimiento: “Para mí, el futuro del arte está en el cine”. En su casa, un libro sobre la vida de Soto descansa sobre la mesa, como una de sus lecturas imprescindibles.

Hurtado tuvo el honor de ser dibujado por Reverón, con cenizas de cigarrillos y fósforos quemados. Una foto de ambos en Macuto da testimonio de la cercanía entre estos dos artistas.

En la sala de estar, al lado de una de sus obras, hay un cuadro de Ramón Vásquez Brito. Otro amigo con quien está en deuda, pues le apoyó amigablemente para irse a Paris. Cito el libro de Marta de la Vega cuando refiere que Vásquez Brito cambió un boleto de ida y vuelta en primera clase a Europa que recibió como parte del Premio Nacional de Pintura, por dos tiquetes de tercera en barco, para viajar, en 1954, junto con Ángel Hurtado hasta Tenerife en el “Franca C”, 12 días de navegación. “Por cierto, la alegría del viaje se vio ensombrecida cuando nos enteramos por la radio del barco, durante la travesía, de la muerte de Reverón”…


¿Qué es lo que más me atrae de la obra de Ángel Hurtado? Quizás sea su particular forma de conectarse con la luz. No son los colores, ni la composición geométrica o abstracta, o el tepuy subjetivo o la materia sideral, sino ese punto luminoso que emerge para deslizarse en la extensión del cuadro. Es esa comprensión de la luz dentro de la forma y los tonos lo que vuelve particular su forma de pintar. Es la luz la que destaca los azules sobre los ocres, la que convierte el paisaje en un lenguaje íntimo y que a la vez proyecta la imagen y le da la trascendencia.

¿Y no es acaso la luz el pincel de los fotógrafos? La misma razón vuelve a asomarse como leiv motiv y como punto de encuentro…

Nos recibe la noche en esta visita a la casa de Ángel Hurtado. Una recién llegada luna llena nos obliga a anunciar la despedida. Se ve hermosa, invita a retratarla y él de inmediato nos dice: “Si te paras en este ángulo, tendrás dos lunas, con el reflejo del agua”.

Foto: Elvira Prieto 


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(En el nombre de José María Cruxent, se puede acceder al documental, dirigido por Ángel Hurtado)