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miércoles, 11 de diciembre de 2013

Algo diferente


Apostar a una voz nueva no siempre es fácil. Pero en este caso, no se trata de una voz tan nueva, si se conoce de su trayectoria como trompetista, y más si le robó el aliento al público que la escuchó cantar y tocar, simultáneamente, Qué vale más y Tonada del Tormento, de Simón Díaz, cuando se realizó el I Festival Caracas en Contratiempo, en julio pasado, organizado por Ernesto Rangel y Aquiles Báez, bajo el sello de Guataca Producciones.

Esta vez, Linda Briceño volvió al escenario para bautizar su primer disco (curiosamente se llama Tiempo) y la sala prácticamente llena auguraba por sí misma el éxito de la noche.
El disco está compuesto por nueve canciones de su autoría, una de ellas compuesta cuando apenas tenía 11 años,  y tres temas que han atraído la atención hacia ella por su particular interpretación, uno de ellos ya citado, Tonada del Tormento, Vengo de esta Tierra, de Aquiles Báez y el bonus track, Bésame Mucho.

Le acompañaron esa noche excelentes músicos, comenzando con el recién galardonado con el Grammy Latino, el Negro Diego Álvarez, en la percusión y también en el dúo del tema “Sueño latino” (en el disco la acompaña con Águilas). Al momento de presentar a Diego, quien además heredó de su madre Morella Muñoz la pasión y el talento por la música, Linda no evita los detalles de la amistad que los une: “Me acompañó todo el día en los trámites para sacarme el pasaporte…”. Y así como elogia a su percusionista, lo hace con cada uno de los músicos que la acompañan esa noche, Adolfo Herrera, en la batería; Rodner Padilla, en el bajo; Gabriel Chakarji, en el piano, Pablo Gil, en el saxo; Jorge Glenn, en el cuatro, Noel Mijares y Armando Lovera. En el coro, Carmela Ramírez, Marianni y Hana Kobayasi. En la dirección, David Wilolo, entre otros cuyos nombres se me escapan. Menos el de Leonard, un músico de Valencia, estado Carabobo, a quien conoció a través de las redes sociales, con quien también hizo dúo.

Linda empacó maletas no hace mucho. Se fue a continuar su  formación musical en Nueva York, al obtener una beca de estudios en la New School of Music…  

Y para quién no conozca a esta artista, les hago un resumen de mis referencias:  

Es hija de Andrés Briceño, el primer baterista que elevó el jazz con la mezcla de los ritmos afrovenezolanos, y también descendiente de muchos músicos (su abuelo y sus tíos…). Siendo aún muy pequeña asustó a su padre una tarde, cuando tomó su trompeta mientras él dormía  y el fuerte sonido del instrumento le hizo creer que había un ladrón en casa. Desde entonces, la trompeta es casi que una extensión de sus brazos. Pero además, Linda toca muy bien el piano y también la guitarra…No me extrañaría que también tenga dotes de percusionista. A sus 24 años, ya se le conoce por dirigir la “Simón Bolívar Big Band Jazz”,  agrupación que ha permitido compartir con maestros de este género como Duke Ellington, Ella Fitzgerald, Dizzy Gillespie, Tito Puente, Arturo Sandoval, Juan Luis Guerra y una larga lista de figuras emblemáticas de la música. Tocar junto al gran trompetista, compositor y arreglista estadounidense de jazz, Wynton Marsalis, le abrió las puertas a nuevos escenarios internacionales .También vale decir que en el año 2011 fue nombrada “Líder Juvenil Mundial” por el Foro Económico Mundial de Davos, por su labor como músico y el desarrollo de estrategias para el emprendimiento en los  jóvenes. 

“A través de la música tengo un mensaje importante que dar. Muchas personas se preparan durante toda su vida, van a la universidad, se casan, compran un perro, y todavía no saben qué quieren. Yo solamente tengo un mensaje que dar y es sólo a través de la música. La música es ese escenario  que tienen acceso a muchas personas, incluso los políticos envidian el escenario que tenemos los músicos… “, así explicaba Linda Briceño la confianza que tiene en su talento, durante una entrevista a CNN.  Y de esa conversación vale otra sentencia:  “Estoy esperando a que la oportunidad se consiga con la preparación... Tenemos que empezar a prepararnos y en ese camino uno se consigue con la oportunidad, el mundo necesita de jóvenes preparados, necesita de mejores programas de educación, nunca sobra el arte, es totalmente necesario el arte hoy en día”.


Y coherente con esa inspiración, uno de sus composiciones tararea  “Dame una oportunidad”. 

Linda se fue a Nueva York para dar el gran salto en su carrera, pero regresó a Caracas, para dejar su primer disco como solista, entregada al público que la vió crecer. El mejor gesto de la noche agradecer a cada uno de los que fueron a celebrar su música, obsequiándoles el disco. “Lo único que les pido es que si les gusta, no lo copien o lo quemen, sino que salgan a comprar otro y se lo regalan a un amigo o a un familiar en Navidad”.

Escuche una de las presentaciones de esa noche: Linda con Diego Álvarez: Sueño Latino

miércoles, 7 de agosto de 2013

En el pasticho melodioso de mis recuerdos

Un lamento africano, un grito musical, el sonido gutural que recuerda lejanías en la sabana, así comienza Laura Guevara una de sus composiciones propias durante el concierto “Los nuevos cantautores. Emprendiendo las canciones venezolanas del siglo XXI”. Ella no sólo canta, baila con un ritmo muy especial, se contonea al ritmo de los instrumentos que la acompañan cuando permanece atenta a sus intervenciones. Tiempo de escape y Corazón fiel son los nombres de sus piezas, con una mezcla de ritmos entre tambores y jazz.

Podríamos pensar que es un nombre como el de cualquier ciudadano de este país. Pero basta que mueva sus manos sinuosamente y module su canto, para saber que no estamos frente a una venezolana más, sino frente a una artista que busca su puesto como cantautora y representante de la cultura venezolana.

Así como ella, con la misma admiración al escucharlos aparecen en la tarima José Alejandro Delgado, Ulises Hadjis, Fabby Olano, Gregorio Yépez, Ana Cecilia Loyo, Alfred Gómez, José Alejandro Paredes… ¿Qué tienen en común todos? Que cantan sus propias canciones. No es la música caraqueña, es la música de un país que busca otros horizontes, respetando los ritmos que son sus raíces y con clara renovación juvenil. Como lo dijo Goyo, “no es música venezolana nueva ni antigua, simplemente es”.

En estos tiempos de querer escapar de todo, José Alejandro Delgado, trata de averiguar qué cosa hay detrás del cantar de los pájaros, cuando el mismo trina Liberen a Prometeo y lo mejor de la noche también viene de su creación: Mejor te vas, casi un monólogo vívido de una despedida, con el drama y el humor que ello representa. Ulises Hadjis, incluye en su composición la calimba, un instrumento de origen africano que cabe en las palmas de las manos, con unas laminas metálicas que por su longitud definen las notas que surgen al pulsarlas. Primero apareció con su guitarra eléctrica, que generó el suspenso de la noche porque no se escuchaba, y en la pausa el público paciente espero en silencio con una decencia sin igual, hasta que finalmente pudo tocar su Música Normal. “La alegría de Caracas vive en Valencia”, dice al introducir a Fabby Olano, y yo ya no sé qué nuevas palabras decir de ella, más que felicitarla por su reciente CD, “Llueven cantos”, su primer tema de la noche fue Tu amor, a ritmo de gaita y en su siguiente aparición Y saluda el tiempo, fue acompañado por el coro de los espectadores "...es la vida al vuelo". Gregorio Yépez, conversador con el público expresa: “Si me concedieran un deseo, pediría cantar y si pudiera pedir otro deseo sería una guitarra y amigos para cantar”. Su primer tema dedicado a las mujeres bellas. Ana Cecilia Loyo se inspira en el Catatumbo, con una energía cálida como el relámpago. Y si Alfred Gómez Jr. habla de amores, Laura vuelve con Fuegos. José Alejandro Paredes canta Contratiempo,  el tema que ha sido el leiv motiv de esta cruzada musical de “Caracas en Contratiempo”, también Los Condenados.

No basta llamar por su nombre a las canciones, cuando poco podemos saber de ellos, pero espacios como el que se genera en esa noche hacen falta para desplegar la identidad nacional. Estos cantautores también se conocieron entre si durante los ensayos para la ocasión. Todos manifiestan su admiración por los músicos acompañantes: la dirección musical de este concierto estuvo a cargo de Gonzalo Teppa, vigilante de todos tras su contrabajo y disfrutando de cada segundo; Nelson González, en el cuatro, Héctor Hernández, en el saxofón, Adolfo Herrera en la batería y Gabriel Chakarji en el piano, este chico sí que promete en sus escasos 20 años.

Son ocho los que vemos ¿y cuántos hay detrás esperando su oportunidad?

Un día antes

Hace seis días que me senté en las butacas del Teatro Chacao para escuchar los “Nuevos ensambles de cámara de música venezolana”. El tiempo me traiciona, ya los detalles se me van perdiendo. Pero hay algo que prevalece de aquella noche: El Nenegro Juan Manuel.

Me llamaba mucho la atención que Aquiles Báez anunciara que se escucharían unas maracas eléctricas, y más fue el interés al saber que quien las tocaría era Manuel Rangel. Esa fue la razón de mi elección en la compra de mis entradas a los conciertos. Lo que no sabía, y también me sorprendió gratamente, es que Manuel Rangel, quien viene de realizar una gira por Portugal, España, Perú y finalmente Estados Unidos, y en este último país con dos grandes embajadores musicales, el pianista Leo Blanco y el violinista Eddy Marcano (por cierto, esperaré por ese concierto en Venezuela), estaba acompañado nada más y nada menos por otros tres inmensos: Carlos Nené Quintero, El negro Álvarez y Juan Rodríguez Berbín.

Me detengo en este grupo, porque uno de sus temas es sublime, desde el primer canto, la voz que emerge desde un equipo electrónico es la de Morella Muñoz, canto sin palabras, un lamento sonoro y dulce, que se va mezclando con la intervención de cada percusionista, la repetición de las maracas al paso de una grabación realizada en el instante, la guitarra también de Manuel Rangel, y finalmente el adhan, el llamado a la oración en la cultura islámica, otro canto que baila por los aires y así como la oración indígena se incluye en este experimento de sonidos, junto con el de cierre, nos hace ver que somos iguales todos, una sola garganta como una esencia.

En honor al contratiempo, paso a hablar del inicio de esta sesión de ensambles. A mis hermanos de Aquiles Báez es un tema que pudiera ser el soundtrack de mi vida, ¿exagerado no? Así será cuánto me gusta. Pues imagínense el agrado de escucharlo en la interpretación de Eduardo Betancourt  y Leonard Jacome en Dos Arpas Cuatro Manos. Esperé con feliz resultado la interpretación de Periquera con seis por derecho, de C4 Trío y esta vez analicé cada movimiento que hacían para irse acercando unos a otros y mezclar sus instrumentos entre sus brazos cruzados, ¿tres cuatros ocho manos?, y así mismo me deleité con Jorge Glem Trío, Quintillo Ensable y Los Chacón (Erick y Chipie), fabulosos en cada presentación.


A propósito de trompetas, y antes de que silencie la memoria, la cita obligada fue la clausura del evento… Linda Briceño brillante en su voz, Mariaca Semprún, Rafael El Pollo Brito, Eddie Marcano, Marcial Isturiz (impactante con Píntame Angelitos Negros),  Roberto Koch, Adolfo Herrera, Yonathan Gavidia, Aquiles Báez, Jorge Glem, Diego Álvarez, Jorge Torres, Grupo Herencia, Gabriel Chakarji, Héctor Hernández, y la presencia de todas esas voces que hicieron tronar las noches en ritmos venezolanos. Que suene un país.


Escuche Mejor que te vas. José Alejandro Delgado 




sábado, 3 de agosto de 2013

En Contratiempo, bajo el aplauso a Simón Díaz

Me duelen las manos. Ciertamente la euforia duele. Pero el alivio pronto se impone en el eco que proviene de mis recuerdos más recientes. Son las 10:45 de la noche. Corro por una calle oscura de una ciudad solitaria, que me huye. Yo también le huyo. En la urgencia que provoca su vacío y desolación la velocidad del carro busca adelantar mi tiempo a puerto seguro.

En el apuro, prefiero retrasar a las tres anteriores horas, cuando estuve en otra ciudad: la que me arrulla y abraza, la que nace repleta e iluminada de las voces y notas musicales del evento “Las nuevas voces interpretan a Simón Díaz”, que formó parte del 1° Festival de Música Contemporánea “Caracas en Contratiempo”, organizado por Guataca Producciones.

Hago el salto hacia esa melodía y me adentro a revivir cada momento desde el principio:

A las 5:45 de la tarde  me encuentro en la Calle Negrín de Sabana Grande, bautizada por mí como zona Beirut por la cantidad de gente que deambula sin ningún control, se atraviesa, interrumpe el paso del semáforo, hábito que permanece aún después de que eliminaran todos los tarantines que impedían el paso de los peatones por las aceras. Mientras me encuentro en ese tráfico detenido, comienza a sonar en la radio una versión de Sabana en remix, de Dr. Muu. La lejanía que me separa de disfrutar del inminete concierto no me arranca el ánimo ni me despierta ansiedad. Pronto escucharé otras voces rindiendo honor a la viva herencia que sigue dejando Tío Simón.

Llego temprano, con el privilegio de entrar entre las primeras al auditorio Fernando Crespo Suñer, de Ciudad Banesco, con un aforo de 316 butacas. En pocos minutos se llena. Abren un espacio alterno, para que los asistentes puedan al menos ver un hecho que será único, a través de sistemas de video. También se copa. Se activa el plan C, para grata sorpresa de los organizadores, Aquiles Báez y Ernesto Rangel, y aún así, hay gente que se quedó fuera.

Trato de analizar qué hace a Simón Díaz tan nuestro. Y me identifico con Bettsimar, su hija, cuando cuenta del desengaño que manifestaba su padre, al asomarse a las ventanas londinenses y no ver sol. “Esta gente vive aquí, porque no conoce Venezuela”…decía. Y recordar con humor como prefería una gira por los llanos venezolanos, en lugar de presentarse en el Carnegie Hall (carne y frijol) aunque se cayera a aplausos la sala, porque  “aqui toiticos si cantan mis canciones”.

Puede que mi memoria me falle, pero creo que el primer tema en abrir el concierto fue Tonada de Luna Llena, en la voz de Rafael Pino, y con una majestuosa trompeta de Linda Briceño. Una vez escuché que Simón Díaz se dedicó a difundir las tonadas, alimentado por un deseo de estimular el campo venezolano frente a la caída de la producción de leche en los años 60 y 70. 

Simón Díaz no sólo compuso y cantó canciones, educó en sus programas de televisión, propició la difusión de la música venezolana y le puso sonido a los textos de poetas venezolanos como Alberto Arvelo Torrealba, Aquiles Nazoa (El loco Juan carabina, por ejemplo), Graterolacho (Tonadas de las espigas), entre otros.

Rafael Pino (con una impactante voz para entonar Pasaje del Olvido), Amanda Querales (Todo este campo es mío), Nana Cadavieco (Cristal y El Alcaraván), Gustavo Briceño (El loco Juan Carabina), Mariaca Semprún (hermosa versión de Mi Querencia y Tonada del Cabestrero, por cierto, esta última la primera tonada que compuso Simón Díaz) , y Linda Briceño, quien se entrega totalmente en sus pulmones al público, entre trompeta y voz cuando canta la Tonada del tormento: “esas ranitas del río, corren debajo del agua, debajo de mis pesares, corren las penas de mi alma…”, e igualmente con Qué vale más, en un arreglo único de guitarra y percusión con cajón. El giro de la noche, la intervención de McKlopedia –nuevamente Sabana en versión de rap, pidiendo permiso a los músicos para mostrar su canto renovado sobre un tema eterno.  Cabe mencionar que también improvisó Bettsimar recordando una canción infantil que su papá le cantaba de niña, El gatito juguetón, compuesta para un personaje de televisión de Charles Barry, que como nunca se grabó nadie le creía a ella que era un tema de nuestro Tío Simón.

Los arreglos de Gustavo Carusí demuestran que siempre es posible romper los patrones establecidos de la música, y que aquellas canciones que le han acompañado a uno a lo largo de su vida, pueden resultar frescas y recientes como un retoño que se abre a nuestros oídos. Supe por comentarios de algunos cantantes que hubo arreglos musicales que apenas se tardó dos días en componer. ¿en qué nota vas a cantar? Eso era todo. Allí estaba la partitura. Los otros músicos que permitieron que estas voces brillaran al máximo fueron Edward Ramírez, en el cuatro, Juan Berbín, en la percusión y Jorge Torres, en la mandolina.

La familia de Simón Díaz, ya en la informalidad de la despedida intervino con sus propias versiones de La vaca mariposa (con un natural sonido de viento producido por las manos de su hijo) y la voz de todos los asistentes a este homenaje cantando Caballo viejo.

Cuando veo a tantos músicos jóvenes, acompañados de otros músicos consagrados tocando juntos, haciendo un país distinto, no puedo dejar de sentirme parte de ellos, aunque esté del lado de las butacas, arrancando los aplausos que me hacen doler las manos, y que siguen palpitando en la noche cuando huyo en esa sabana oscura y tenebrosa de mi ciudad, pensando en Tío Simón y diciéndole desde mi emoción “aquí me quedo contigo, aunque te vayas muy lejos”.